jueves, 18 de noviembre de 2021

Amor Enemigo. Capítulo 1

 

Capítulo 1- Cuidado con el hoyo en el piso

En un tiempo extraño, anclado como un buque hundido, en un sitio lejos de todo lo conocido, sobre el inmenso e interminable océano, se alzaba sobre las aguas la corona de vida y muerte; El Reino de la Luz y la Oscuridad.  Ocho islas le formaban, siete dadas a los siete hijos de los Dioses Madre, cada Dios Creador había tomado una isla y dado a luz a sus habitantes, para consagrar su propio reino. Siete subreinos separados por sus mares, juraron por los Dioses Madre serles fieles al Gran Rey de la Luz y la Oscuridad. 

En La Isla del Hielo sus habitantes tenían fama por ser unos bárbaros, los hombres mas fuertes, rudos y toscos de aquellas tierras . Bendecidos por un verano eterno y asediados por la funesta "Viuda Blanca" , la mas grande y terrible tormenta de nieve jamás vista, se formaba únicamente, y una vez al año, sobre los cielos de aquella isla. 

La Isla del Fuego, rumoreaban que aquellas personas no eran de fiar, era sabido que podían llegar a ser bastante tramposos,  demasiado astutos y  muy poco escrupulosos. Reyes en el arte de engañar y manipular, hacían todo por propio beneficio, insaciables ante el apetitoso y peligroso deseo de poder, lo tomaban todo, lo consumían todo. 

 La Isla del Sol era todo lo contrario a la anterior nombrada. El orgullo, el honor, y el estatus significaba todo para estas personas, sobre todo para la nobleza, mantener una postura respetable y acorde con su posición social era lo primero en su lista de prioridades, aunque nunca lo reconocerían en voz alta. También eran algo testarudos, creían firmemente que las cosas debían hacerse a su manera. 

La Isla de la Luna era un lugar misterioso, con un pasado escondido, muchas leyendas circulaban a su alrededor, personas de tradición, los únicos pacifistas de todos los reinos, tenían prohibido utilizar la violencia contra cualquier criatura viva, y jamás se les veía de día. 

La Isla del Mar. Los mejores comerciantes y navegantes por naturaleza, sus extravagantes y compulsivos gustos los había llevado a adquirir los tesoros mas bastos y exóticos. Ligeramente codiciosos, coleccionistas compulsivos, para un reino que vivía ahogado en la riqueza tendían a minimizar el valor de las cosas importantes, aquello que no podían comprar. 

La Isla del Cielo, se decía que de aquel reino sus habitantes habían descendido desde los cielos, y compartían un par de rasgos característicos, una piel blanca y tersa, unos hermosos ojos de aquel color tan limpio y puro. Pero que su belleza no los confunda, eran estrategas crueles, fríos, calculadores, sumamente inteligentes. Como el canto de una sirena, estas personas podían ser tu perdición si bajabas la guardia ante sus encantos. 

Y por ultimo estaba La Isla de la Tierra,  sus personas eran modestas y cálidas , honestos trabajadores, gente sencilla y amable. Los mejores sembradores, labradores y pastores. Tenían fuertes guerreros y un enorme ejercito, pero también un reinado gentil y justo. Para ellos la fuerza sin bondad no era verdadera fuerza.  

Estas siete islas formaban un arco alrededor de la octava isla, la isla central, la mas grande de todas, donde estaba ubicado el gigantesco palacio de la Luz y la Oscuridad que albergaba a toda su descendencia. Esta construcción era impenetrable y solamente unos pocos pertenecientes a la nobleza tenían el privilegio de ver los secretos que guardaba. En La Isla de La Luz y La Oscuridad había un palacio por cada sub-reino, los jóvenes de la nobleza y descendientes al trono junto a los futuros miembros del ejercito  vivían en ellos un tiempo para aprender a proteger a su pueblo del ataque de los enemigos.  En efecto allí era el único sitio donde coexistían todos los reinos. 

Nuestra historia comienza el día de la iniciación, donde, como la tradición ordenaba, los príncipes de cada reino debían dictar el antiguo juramento en la cámara sagrada ubicada dentro del palacio de La Luz y La Oscuridad, bajo la mirada oculta de su Príncipe. Ese día el ultimo en pasar a la cámara fue Karo, heredero al trono del Reino de la Tierra, un muchacho con la piel curtida y atezada por el Sol, el cabello negro como la noche mas oscura y unos gentiles ojos color chocolate, el alto y musculoso muchacho apenas aparentaba sus 17 años, y a simple vista no parecía tener nada que ver con la nobleza puesto que llevaba ropas muy sencillas y cómodas. 

- ... por eso yo, Príncipe de la Isla de la Tierra, en el nombre de los caballeros de la Luz y la Oscuridad juro serles leales hasta el día de mi coronación- Exclamó el muchacho arrodillado frente al Testigo, quien aprobaba si este podía vivir a partir de ahora en el Reino de  su Señor, el Príncipe de la Luz y la Oscuridad. 

- Bien, es el ultimo, con esto damos fin a la ceremonia de iniciación, puede volver a su palacio. Mierda, creo que deje la caldera en el fuego...- Sentenció el hombre para luego salir corriendo dejando levemente extrañado a Karo por su fugaz partida. 

- ¡Por fin terminó!- Suspiró con alivió y cansancio el Príncipe, incorporándose. - Siempre me dejan para lo ultimo- Protestó saliendo de la cámara, encontrándose en la entrada con su Cónsul un joven de cabello castaño, de aspecto prolijo y pulcro, escondía sus afilados ojos color miel tras unas gafas rectas. Era su mano derecha, prácticamente su secretario, aunque a veces Karo pensaba en Denis como en su segunda madre, una bastante estricta y mandona. Denis había estado con Karo desde que este tenía 12 años, el joven príncipe lo consideraba parte de su familia aunque el contrario siempre se esforzaba en mantener una relación estrictamente Cónsul-Príncipe. 

- Ya me cansé de estar parado... y me di cuenta ¿No falta algo?- Karo rascó su cabeza tratando de pensar que se le había olvidado. 

-Debemos apresurarnos y volver a la Casa de los Caballeros de la Tierra, Príncipe Karo, no querrá que el enemigo nos ataque desprevenidos-Denis no le prestó mucha atención a aquello ultimo y trató de apurar a su lento y despreocupado Príncipe.

-Por mi esta bien, ya quiero regresar pero... Recién terminó la iniciación ¿Crees que ya estén planeando algún ataque? Denis- Cuestionó llevando sus manos tras su nuca como un gesto relajado.

-Quien sabe, nunca debe confiarse del enemigo o lo destruirá sin piedad- Denis podía decir cosas terribles con una serenidad preocupante.  

-Si, creo que si- Pero en el fondo Karo sabía que solo intentaba que llegaran rápido al palacio para ponerlo a trabajar, como de costumbre. Soltó un nuevo suspiro, echando la vista hacia arriba y contempló el cielo. 

 En ese mismo momento los dos Príncipes de reinos enemigos, unidos por el hilo rojo del destino, cuyos corazones estaban profetizados a encontrarse, como una versión homosexual de Romeo y Julieta... Chocaron sus cabezas torpemente, porque el estúpido no se fijaba por donde iba. 

-¡Ow! Duele, duele- El Príncipe Karo terminó de culo en el piso agarrándose del mentón, la parte que había sido golpeada en el impacto. 

-¿Príncipe Karo, se encuentra bien?- Preguntó Denis. 

-Ach, debí darme la cabeza contra una una pared de ladrillos- Se quejó el chico con quien se había chocado. Este también había terminado en el piso, y se agarraba la frente donde enseñaba una marca roja por el golpe. 

-¡Príncipe Jul! ¡Príncipe Jul!- Se acercó corriendo, chillando histéricamente,  un hombre de largo cabello lacio, de un tono lila muy claro, y esos característicos ojos celestes que pertenecían a los del Reino del Cielo. -¿Esta herido? ¿Se encuentra bien? ¿Le duele algo? ¿Cuántos dedos ve?- Se movía nerviosamente alrededor del chico al cual Karo había derribado, haciéndole una pregunta tras otra sin darle tiempo a responder.-Esto es terrible, es una catástrofe, no, es un desastre de proporciones mayores, esto es una verdadera mier-

-¡Cálmate Yossel!- Lo interrumpió alzando la voz con fastidio. -Estoy bien, no es para tanto- Continuó mas sereno quitándose el polvo de su uniforme con las manos. 

-Mi Príncipe, estaba tan preocupado- Suspiraba aliviado aquel hombre llamado Yossel mientras intentaba ayudar a su Príncipe a levantase.  -¡Tenían que ser los de la Isla de la Tierra! No se esperaría menos de gente tan bruta, sucia y barbárica como ustedes- 

- Mira quien lo dice. Ablando de gente mentirosa y sin escrúpulos, el estar en presencia de tanta hipocresía me produce nauseas- Fue Denis quien se encargó de contraatacar, de manera despectiva, aquel insulto por parte de su contrario. 

Mientras los Cónsules comenzaban una guerra verbal entre ellos, Karo había quedado cautivado por la apariencia del joven con quien se había pechado. 

-¿Esta persona... podría ser?- Pensaba el pelinegro, observando aquellos ojos como dos pedazos de cielo, el derecho adornado por un pequeño lunar. El otro chico aun se sacudía el polvo de su impecable uniforme de color verde oscuro, su cabello castaño tocaba sus hombreras y lo que mas resaltaba era un mechón blanco en su cerquillo. -¿Tu eres el Príncipe de la Isla del Cielo?- Se atrevió a preguntar el pelinegro que aun permanecía en el suelo. Karo nunca había conocido a otro Príncipe en su vida, así que la presencia de su igual le llamaba mucho la atención. 

Ante aquella pregunta el Príncipe de los hermosos y abrumadores ojos celestes clavó su mirada sobre el joven en el suelo y con un semblante noble le respondió.

-Solo hay una forma de resolver esto- 

Y al instante siguiente desenvainó su espada y cambió su mirada a una terrorífica que destilaba su sed de venganza. 

-Te cortaré la cabeza y con los ladrillos de tu cráneo me construiré una estufa nueva- Ensanchó una sonrisa diabólica apuntando su espada a la cabeza de Karo. 

-¿¡EH!?- Nuestro pobre Karo había caído en la trampa mortal de aquellos ojos. 

-¡Bien dicho Príncipe Jul!- Lo aplaudió su Cónsul. 

-Como detesto a estos hipócritas doble cara- Murmuró Denis entre dientes acomodándose los anteojos. 

-¿Eso quiere decir que quieres tener un duelo conmigo?- Le cuestionó Karo, al tiempo que se incorporaba del suelo por su cuenta. 

-Llámalo como quieras cabeza de ladrillo- 

-Tsk, cuida tus palabras o voy a hacer que te arrepientas- Aquel joven de carácter arrogante y repulsivo había logrado lo que muy pocos podían, hacerle enfadar. 

-Ja ja ja- El castaño soltó una risa sarcástica- ¿Además de estúpido eres cómico? Creo que ya lo he visto todo- La imponente presencia del pelinegro no lograba intimidarlo en lo mas mínimo. -¡Me haces perder el tiempo!- Exclamó con el ceño fruncido, formando una mueca de fastidio mientras tomaba una postura de batalla. 

Y así, con esta ultima burla por parte del Príncipe Jul comenzó la feroz batalla entre estos dos bandos enemigos... 

No, no, no ¡Esperen! ¡No se supone que suceda así! Sus miradas tendrían que haberse cruzado de forma cautivadora, sus corazones tendrían que haberse tocado en una mágica conexión única y profunda y todo esa sarta de cursiladas, así se darían cuenta de que por fin se habían hallado el uno al otro ¡¡Ya lo había dicho antes!!

-¿De que puto manga shojo para heteros sacaste eso?- Cuestionó Jul. 

-Esas cosas no pasan en la vida real- Aclaró Karo. 

Yo soy la jodida narradora y decido lo que sucede en la jodida historia ¡Si quiero un puto momento shojo lo voy a tener! ¡MALDICIÓN!

-Debe estar con abstinencia- 

-Como sea, solo ignórala. ¿Dónde estaba? ¡A si! ¡A punto de destruirte!- 

De esa forma, ignorándome completamente, continuaron con su lucha sin sentido, tratando de defender el orgullo de sus reinos. 

-Eres bastante fuerte para tener un cuerpo tan pequeño y delicado- Comentó Karo al tiempo que detenía una estocada de su contrario. No había maldad en este comentario pero la forma en que lo dijo no le hizo en gracia a Jul, no podía tomárselo como un cumplido y menos viniendo de él. 

-¿No has aprendido nada? ¿O eres mas tonto de lo que pensé?- 

La expresión de Karo se tensó y apretó los dientes tratando de contener su rabia mientras el castaño lo empujaba hacia atrás con los movimientos de su espada. 

-No te dejes llevar por las apariencias, y menos de tus enemigos- Formó una media sonrisa y arremetió contra el pelinegro, desgarrándole la ropa con su filo.  -Es bastante musculoso...- Pensó Jul ignorando el sonrojo sobre sus mejillas mientras se deleitaba con la vista de aquel torso bien formado. -¡Eso esta bien para un bruto!- Sacudió la cabeza un poco intentando volver a concentrarse, no podía dejarse vencer por los encantos de su contrincante. 

-¿Por qué tenias que llegar tan lejos?- Se lamentaba Karo por sus ropas destruidas. 

-Porque es mi deber como Príncipe humillar a mi peor enemigo con el filo de mi espada- 

-¿"Peor enemigo"? Pero si recién nos conocemos- Karo no podía terminar de entender a aquel chico, ¿Y que tenía que ver todo eso con su pobre ropa?. 

-Yo soy el Príncipe de la Isla del Cielo y tu eres el Príncipe de la Isla de la Tierra, nuestros reinos han sido enemigos desde antes de que tu nacieras- 

-¿Eh?- Digamos que Karo no era la persona mas estudiosa del mundo, así que esos bastos conocimientos de política e historia no estaban dentro de su entendimiento. 

-¿Y te haces llamar Príncipe? Ni siquiera conoces a los enemigos de tu pueblo. Bueno, mejor para mi, será mas sencillo derrocarte... Si es que llegas a ser Rey-  

-¡CÁLLATE !- Invadido por una ferviente furia Karo dirigió su espada hacia su enemigo. Sus estocadas eran rápidas y severas, obligando a Jul a retroceder hasta quedar atrapado contra un muro. En un golpe limpio Karo se deshizo de la espada de su contrario lanzándola fuera de su alcance, y calvó su filo a unos pocos centímetros del cuello del castaño destrozando el fino revoque de la pared. 

-Tu no sabes nada, solo eres un mocoso mimado que no sabe absolutamente nada del esfuerzo y del trabajo- Aquellos ojos marrones con esa mirada severa se clavaron en los de Jul, quien buscaba inútilmente algún plan de escape. 

Cuando la batalla estaba a punto de darse por perdida para el Reino del Cielo, un mensajero llegó entregándole una carta al Cónsul Yossel. 

-Príncipe Jul tenemos que regresar inmediatamente a palacio- Le alertó luego de ojear el contendido de la carta. 

-Bueno creo que ya se me acabó el tiempo- Habló dirigiéndose al pelinegro, apoyando dos dedos sobre la parte plana de la espada para alejarla de su cuello. -Pero continuaremos otro día ¿Quiere Príncipe Karo?- Enseñó aquella sonrisa tan fingida. Karo se limitó a soltar un bufido sin responderle nada. 

Jul dejó el duelo como suspendido y se reunió con su Cónsul para regresar a su palacio. Mientras el Príncipe del Reino de la Tierra observaba a aquel chico de los peligrosos ojos celestes marcharse, perdiéndose de vista luego de cruzar una de las cuatro puertas de la muralla que rodeaba el Palacio de la Luz y la Oscuridad.     

-Será mejor que nosotros también volvamos- Le aconsejó Denis acercándose a él. 

-Si...- Karo no podía evitar sentir que había algo en ese Príncipe, como si ya lo hubiera visto antes, pero eso era imposible, de seguro solo eran ideas suyas. Y convenciéndose de que no era nada resolvió retirarse al fin de aquel enorme palacio y regresar a su propio enorme palacio. 

... 

Ya en la Casa de los Caballeros del Cielo, apodados así cada palacio en la Isla de la Luz y la Oscuridad que representaba a su respectivo reino, se había convocado a una reunión de emergencia por motivos aun desconocidos para el Príncipe Jul. 

-Yossel dime que ha sido tan importante para dejar un duelo a medias- 

Alrededor de la mesa se habían juntado los consejeros del Príncipe y los puestos mas altos de su ejercito, a la derecha de su majestad  se encontraba el Cónsul Yossel entregándole aquella carta tan importante. 

-Si mi Señor, me han entregado una carta escrita por el mi mismísimo Príncipe de la Isla del Mar- 

-¿Una carta de Miki?- Jul se colocó sus lentes de lectura para ojear dicha carta. -No veo faltas de ortografía ni caritas dibujadas, de seguro la escribió su Cónsul- 

-Antes de la ceremonia de iniciación un preciado objeto fue robado de la Casa de los Caballeros del Mar- Explicó Yossel al resto de los presentes.-También dice que el Príncipe vendrá a vernos-

Antes de que el Cónsul Yossel pudiera terminar de hablar las puertas de la recamara se abrieron de un golpe brusco. 

-¿¡Donde esta!?- Tras ellas apareció un niño de cabello turquesa y ojos azules como lo profundo del mar. Entró en la sala pateando todo lo que estuviera a su alcance, hecho una verdadera furia. 

-Hola Miki- Lo saludó Jul sin inmutarse por los arrebatos del menor, observando serio como sus consejeros y los valientes miembros de su ejercito habían desaparecido, resguardándose del niño bajo la gran mesa. 

-¡¿Dónde está!? ¡¿Donde la tienes!?- Continuó el Príncipe Miki parándose sobre la mesa. 

-¿De que estas hablando? No te pares sobre los muebles- Jul se mantenía imperturbable, tratando de contener sus ganas constantes de matar al menor. 

-Sabes de lo que hablo ¡No te hagas el tonto! Sabes que mi gema fue robada antes de la iniciación. Quiero que me la devuelvas ¡DEVUÉLVEMELA!- El mocoso, aun sobre la mesa, se hincó frente a Jul y lo sujetó del cuello de su uniforme para gritarle aquello en la cara. 

-¡Cálmate!- Le dio un manotazo para que alejara sus sucias manos de su persona, encontrándose al borde de perder la paciencia. -No puedo darte algo que no tengo, además ¿Cómo estas tan seguro de que yo la robé?- Le cuestionó sacando un pañuelo para limpiarse la saliva que el menor le había escupido en la cara al gritarle.  

-Mis guardias vieron a algunos de tus hombres merodeando mi palacio antes del robo- Se explicó el menor un poco mas tranquilo, tomando asiento frente a Jul sobre la mesa, como si no hubieran muchas sillas vacías alrededor. 

-Eso no puede ser...- Murmuró Jul ligeramente consternado. 

-Ya no importa, como somos amigos te perdonaré si me la devuelves ahora- Miki extendió su mano frente a Jul esperando que este depositara dicha gema en ella.

-Te lo dije, no puedo darte algo que no tengo- 

-Entonces nuestra alianza será revocada- Se incorporó quedando nuevamente parado sobre la mesa. -¡Me vengaré por esto Jul!- Amenazó, señalando al castaño con su dedo acusador. Se dio la vuelta con indignación, haciendo ondear su capa,  caminó por la mesa hasta llegar al borde de esta y saltó al piso, cerrando las puertas con otro fuerte y maleducado golpe al salir. 

-Que niño mas terco- Suspiró Jul  frotándose las sienes con cansancio. Mientras las cabecitas de sus subordinados comenzaban a asomarse por los bordes de la mesa ante la ausencia del joven Príncipe del Reino del Mar.

-¿Que vamos a hacer Príncipe?- Cuestionó Yossel con real preocupación.  

-Tenemos que descubrir quien robó la gema de Miki o estará enojado conmigo para siempre- Volvió a soltar un suspiro cargado de frustración - Lo que me faltaba- .

-Lo noto fatigado mi Príncipe- 

-Iré a descansar un rato a mi alcoba- Jul se incorporó de su asiento y pasó junto a Yossel dirigiéndose a la puerta. -General- Llamó la atención de esta, haciendo que saliera de debajo de la mesa en menos de un segundo y se parara tensa en posición de saludo militar. -Mande a las tropas para que se encarguen de ese asunto- 

-Si su majestad- Respondió al instante. 

-¿Pero y si los Caballeros del Reino de la Tierra quieren tomar venganza por lo de hoy?- Comentó Yossel refiriéndose al desafortunado encuentro de aquella mañana. 

-En ese caso los estaré esperando con los brazos abiertos y los puños cerrados- Respondió Jul mostrando una sonrisa y una mirada siniestra. 

-¡Bien dicho mi Señor!- Volvió a ovacionarlo el lame botas de Yossel.

Dando la reunión como acabada el Príncipe Jul se retiró a descansar a sus aposentos para recuperar fuerzas. 

...

Mientras tanto en la Casa de los Caballeros de la Tierra, Karo aun seguía lamentándose por sus ropas destruidas como si no tuviera suficiente oro como para comprarse un barco lleno de camisetas de plebeyo nuevas. 

-¡Para tu información era mi camiseta favorita!- Karo suspiró resignado, no tenía caso discutir conmigo, su amada camiseta ya estaba en un mejor lugar ahora. -Ese maldito Príncipe mimado- Solo le quedaba quejarse con su mamá, Denis. 

-Realmente fue un gran insulto para nuestro Reino. Pero él escapó cuando estaba perdiendo, como una vil rata-  

-Solo han pasado unas cuantas horas y ya comenzamos con las luchas... Tal vez tengas razón después de todo- Karo observaba su camiseta rasgada completamente abatido. Pero no se sentía triste solo por la camiseta y Denis conocía la verdadera razón. 

-Príncipe Karo...- Apoyó su mano sobre el hombro del príncipe para darle algo de consuelo. 

De pronto las puertas del cuarto se abrieron de una patada brusca, porque por algún motivo todos quieren hacer las malditas puertas giratorias, dejando ver a un hombre musculoso de piel bronceada, cabello negro y ojos marrones aun mas oscuros que los de Karo, este imponente sujeto le llevaba una cabeza de altura a su príncipe. 

-¿Es verdad lo que me han dicho?- Fue lo primero que dijo al entrar a la habitación y ver a Karo. 

-¡¡Blad!!- Logrando espantar al joven príncipe con su repentina intromisión. 

-¿Es cierto? ¡¿Esos bastardos de la Isla del Cielo atacaron a nuestro Príncipe?!- Esta vez se dirigió al Cónsul Denis, luego de observar el aspecto de Karo y confirmar sus sospechas. 

-¿Como te enteraste tan rápido?- Karo no entendía como su General supo en tan poco tiempo sobre el pequeño percance de esa mañana. 

-Pocos de mis guerreros vieron la lucha y me contaron- 

-¿Pero que te dijeron exactamente?- 

Blad se veía demasiado agitado e iracundo, al menos mas de lo normal. Karo ya sospechaba que dicha información había sido ligeramente exagerada. 

-Usted fue cruelmente humillado e insultado por el Príncipe de la Isla del Cielo- 

-No, no fue exactamente así Blad- 

-¡¡¡Esto no se va a quedar así, nos cobraremos esto con venganza, hoy mismo raptaremos a su Príncipe y lo humillaremos de la misma forma para luego poder destruir a nuestros enemigos jurados los hijos de puta de la Isla del Cielo!!!- Al general se le estaba por saltar una vena de la frente. 

-No creo que tengas que llegar a tal extremo- Mientras Karo  muy inútilmente intentaba calmarlo. 

-Atacaremos a esas ratas directamente, como una puñalada en el pecho- 

Ahora la mirada sanguinaria del general preocupaba un poco (mucho) a nuestro joven príncipe.

-¿Me estas escuchando?- Le cuestionó Karo. La respuesta obvia era no. 

-No se preocupe Príncipe, usted vaya a descansar, nosotros nos ocuparemos de esto- Le hizo saber su Cónsul, alentándolo a que se retirara de la habitación antes de que la vena en la frente de Blad explotara por fin y matara a alguien. 

-¡No se preocupe! Al regreso prometo traerle la cabeza del Príncipe de la Isla del Cielo como trofeo- Exclamó Blad al tiempo que le partía el cuello, con sus propias manos, a un animal disecado que había sobre el escritorio. 

-No lo dice enserio... ¿Verdad?- Observó con ojos temerosos a Denis, quien lo empujaba fuera de la habitación.

-Quien sabe...- A su Cónsul no parecía preocuparle mucho la situación. Denis solo quería que Karo descansara un rato antes de ponerlo a trabajar, firmando documentos y aprobando tratados, no podía permitir que su príncipe cayera desmallado por el agotamiento en medio del trabajo como en veces anteriores. 

Sin mas, el Cónsul echó al joven príncipe de la sala, sin dejarle mas opción que retirarse a su cuarto para intentar dormir un poco y descansar del largo viaje que habían hecho para llegar hasta aquella isla. Por su parte el General Blad no perdió tiempo, organizó a las tropas y esa misma tarde partieron al palacio de los Caballeros del Cielo dispuestos a atacarlo y secuestras a su Príncipe. 

... 

Cuando los hombres de Karo, liderados por Blad llegaron a los dominios de sus enemigos, para su sorpresa allí no había nadie, ni un solo guardia. 

-No se dejen engañar, el enemigo debe estar oculto en alguna parte- Habló Blad al resto de su ejercito. Los rústicos hombres se metieron por la puerta principal, con sigilo y siempre alerta, esperando a que esas ratas tramposas los emboscaran en cualquier momento. 

Pero la verdad era que realmente no había nadie allí. Exceptuando al Cónsul Yossel quien vio venir a la tropilla de lejos y sin perder tiempo fue a alertarle a su Príncipe. 

-¡Príncipe Jul despierte! Los mugrosos del Reino de la Tierra están aquí- Entró a la pieza escandalosamente despertando a su majestad Jul de muy mala manera. 

-Que molesto- Gruñó con el ceño fruncido y una mirada tenebrosa, lentamente se incorporó, quedó sentado al borde de la cama, se talló los ojos con la palma de la mano y se dio el tiempo para desperezarse y bostezar. 

-¡Mi Señor!- La despreocupada lentitud de su alteza preocupaba por demás al Cónsul. 

-¡Ya voy, joder! No puedo ni dormir una puta siesta tranquilo- Protestaba entre dientes levantándose de la cama y yendo hasta el gran armario para cambiarse de ropa con toda la tranquilidad del mundo. 

Cuando por fin se halló listo y despabilado fue hasta donde se encontraban aquellos bastardos que habían interrumpido su sueño. 

-¡General mire! Es el Príncipe del Reino del Cielo- Exclamó uno de los hombres apenas lo vio. 

-Perdonen mi descortesía por no haberles dado un recibimiento apropiado- Se presentó el joven Príncipe ante aquel ejercito con una sonrisa de negocios en el rostro. -Pero odio a la gente que entra en mi casa sin ser invitada- Con esas palabras su sonrisa cambio a una fría y tajante mirada de desprecio. 

-No creo que este en posición de decir eso ¿O es que acaso nos tiene lista una emboscada?- Le cuestionó el General Blad con un semblante seguro, mirándolo directo a los ojos con una sonrisa retadora. Aquel gesto se consideraba un grabe insulto y mas cuando provenía de alguien de un reino diferente con un estatus inferior.

-Como si necesitara algo mas que a mi mismo para derrotarles- Pero Jul no se dejó llevar por banales provocaciones, en realidad le daba mucha gracia lo tontos que podían llegar a ser sus proclamados enemigos a muerte. -Lo siento pero no tengo ganas de jugar hoy- Dicho esto Jul jaló de una palanca ubicada muy convenientemente a su costado, un enorme hoyo se abrió en el suelo ubicado también muy convenientemente bajo los pies de aquellos hombres, ni uno solo se salvó de caer en aquella trampa tan estúpida.   

-Siempre me pregunté para que me serviría ese hoyo que me hiciste poner, bien hecho Yossel- Le lanzó un premio a su Cónsul como si fuera una foca amaestrada. 

-Gracias mi Señor- Y todavía va y atrapa la galleta con la boca el muy... bueno, como sea. Jul soltó un pesado bostezo, el sueño aun lo rondaba y clamaba por él. 

-Voy a volver a dormir, y esta vez asegúrate que nadie me moleste a menos que me hayan traído la gema de Miki- 

-Si mi Príncipe- 

Y así Jul regresó, algo malhumorado por la intromisión de sus enemigos, a su habitación. 

Al mismo tiempo, cruzando el Bosque Ásfera que separaba el palacio de los Caballeros del Cielo del de los de la Tierra, un preocupado príncipe intentaba conciliar el sueño en vano.

-¿Que voy a hacer? ¿Cómo puedo quedarme tranquilo mientras Blad y mis hombres atacan el castillo del Príncipe Jul? ¿Qué pasa si esto  termina en una terrible guerra?- Se cuestionaba Karo en silencio observando el techo esculpido y pintado a mano de su nuevo cuarto, demasiado ostentoso para su gusto. Pero no era momento de pensar en lo innecesariamente espaciosa que era su cama. -No puedo quedarme aquí y dormir mientras mi gente se pone en peligro por una estupidez, tengo que detenerlos- Karo abandonó de un salto el amplio colchón y, manteniendo cuidado de que Denis no le viera, escapó de palacio. 

Tiempo después, cuando por fin logró llegar al castillo del Príncipe Jul le resultó extraña la ausencia de personas en la puerta principal. Decidió no ser tan obvio y colarse dentro del palacio por una entrada lateral. 

Con el temor de que la batalla ya hubiera terminado en matanza Karo se adentró en las fauces del enemigo sin anticipar con que se encontraría. Caminó sigilosamente por los extensos y silenciosos pasillos de aquel lugar, hasta que escuchó el eco de unos pasos acercándose a la distancia. Impulsado por el miedo a que lo descubrieran, el pelinegro se metió rápidamente por la primer puerta que encontró. 

Quedó pegado a la puerta conteniendo la respiración, aun concentrado por los pasos que ahora se escuchaban mas tenues no notó a la persona que dormía profundamente a unos cuantos metros de él. 

-¿¡En donde me metí!?- Gritó internamente al notar que aquella era la recamara del mismísimo Príncipe del Reino del Cielo, que albergaba al susodicho, durmiendo con un rostro apacible y angelical sobre una cama enorme, completamente blanca y con demasiadas almohadas. El Príncipe parecía ser un hermoso ángel descansando en su nube. Cautivado por esta imagen Karo se acercó peligrosamente a la cama. 

-¿Como algo que se ve tan tierno y dulce puede llegar a ser tan cruel?- Susurró lo mas suavemente que pudo para no estropear el sueño de aquel ángel y se inclinó inconscientemente sobre él solo para poder apreciar mejor sus rasgos.  De golpe el Príncipe Jul, que seguramente fingía dormir, se abalanzó sobre Karo tirándolo al suelo, dejándolo boca abajo, se sentó sobre la espalda del mas grande y lo sujetó de los brazos para inmovilizarlo. 

-¿Que haces aquí "cabeza de ladrillo"?- 

-¡Solo vine a buscar a mis hombres, eso es todo, lo juro!- 

-Ya deben de haberse ido- 

-¿Enserio? bueno, entonces yo también me voy, perdón por interrumpir tu siesta, si me sueltas me iré y te dejaré tranquilo, y haremos como que nada de esto pasó- Explicaba Karo con una sonrisa nerviosa mientras se retorcía para liberarse del sorprendente mente fuerte agarre de Jul. 

-¿Soltarte? ¿Por qué haría eso? Yo te atrapé así que ahora eres mi prisionero-  

Aunque Karo no pudiera verlo directamente a la cara juraba que podía sentir aquella mirada y esa sonrisa maliciosa rodeada por un aura oscura, hasta escuchar como el contrario se relamía los labios observándolo como un depredador a su presa. 

-¿Que?- Karo comenzaba a ser invadido por un palpable temor. 

-¿No es sumamente divertido?- Susurró Jul sobre el oído del pelinegro ensanchando su voraz sonrisa.

-¡No lo es, no lo es!- La desesperación invadió al joven príncipe obligándole a retorcerse con mas ímpetu bajo el cuerpo de su autoproclamado enemigo. 

En ese preciso momento el Cónsul Yossel entró en la habitación sin anunciarse, distrayendo al Príncipe Jul. Karo aprovechó eso para sacarse al castaño de encima y correr por su puta vida, tan aprisa que no le dio tiempo para reaccionar a ninguno de los otros dos. 

-Hiciste que mi prisionero escapara- Le reprochó a su Cónsul mientras se incorporaba del piso y se cerraba los botones de su camisa blanca, lo único que llevaba puesto además de su ropa interior. 

-Lo lamento Su Majestad, es que...- Antes de que terminara de hablar Jul lo interrumpió siguiendo con el hilo de sus pensamientos. 

-Y ahora voy a tener que cazarlo... Como a un animal- Una sonrisa oscura se dibujó sobre los labios pálidos del mas joven. Apenas terminó de abrocharse el ultimo botón salió corriendo de la habitación, sin importarle que estuviera descalzo y en ropa interior, persiguió a Karo por el castillo hasta que este se detuvo llegando al salón principal justo antes de la entrada.

Karo quedó parado, inmóvil, mirando fijamente lo que se mostraba frente a él. 

-Es un... ¿Hoyo?- Preguntó con dificultad a Jul que, de la misma forma, se había quedado parado junto a él. 

-Si- Respondió con simpleza, como si tener un maldito hoyo gigante frente a la puerta fuera de lo mas común y corriente. 

-¿Por... por qué...- Karo tuvo que hacer una pausa y respirar profundamente, realmente esta situación iba mucho mas allá de su entendimiento. -¿Por qué tienes a mi hombres metidos en un hoyo?- Cuestionó alterado, levantando el tono de voz, haciéndose notar por los cautivos.  

-¡Príncipe! ¡Esta aquí!- Sus hombres parecían contentos de verlo. 

-¿Blad que hacen ahí?- A Karo le deba un poco de vergüenza ajena ver a su ejercito atrapado en un hoyo como moscas en un frasco. 

-Esa rata mentirosa nos tendió una trampa- Bufó Blad cruzándose de brazos, clavando una mirada asesina sobre el Príncipe Jul.

-¡Nos tiene atrapados aquí!- Comenzaron a quejarse ( lloriquear) el resto de los muchachos. 

-¡Déjalos ir de inmediato!- Le exigió el pelinegro al dueño de aquella fosa donde su ejercito era retenido. 

-¿Ustedes son muy estúpidos verdad? No están atrapados- Jul no podía entender como a esos monos pseudodesarrollados  se les consideraban parte de su misma especie.

-¿Eh?-

-Hay un puerta al costado, por ahí pueden salir afuera- 

-¿Enserio?-

-Enserio. 

-Humm...- Ahora Karo se sentía aun mas avergonzado de sus compañeros. -Bueno si eso es todo...-

-Si váyanse de una vez- Y a Jul no se le notaba muy feliz que digamos 

-¿Yo también me puedo ir?- Le cuestionó el idiota de Karo porque no, obviamente no podía simplemente irse a la mierda de ahí, primero tenía que pedirle permiso a su captor. 

-A menos que quieras probar mi nuevo calabozo- Le ofreció el castaño observándose las uñas, ya no podía sorprenderle la estupidez de esta gente. 

-No, no, gracias, me voy- 

-Adiós- 

Con su plan para secuestrar al Príncipe del Reino del Cielo completamente destrozado, el ejercito de Karo emprendió la retirada de regreso a su palacio.

Por fin Jul había logrado obtener un poco de paz tras la partida de aquellos monos, soltó un suspiro mezclado de alivio y cansancio, y cerró la enorme fosa en el suelo jalando la palanca nuevamente. 

-Su Majestad-  Llamó su Cónsul acercándosele con unos papeles en la mano. 

-Yossel ¿Tenías algo que decirme?- 

-Si Alteza, las tropas regresaron y esta es la información que lograron recabar- El Cónsul le entregó los documentos con la información que sus hombres habían averiguado sobre el robo de la gema del Príncipe Miki. Jul comenzó a leerlos en silencio, detenidamente. 

-¿Así que ellos la robaron?-  Cuestionó cuando terminó de leer, devolviéndole los documentos a Yossel. 

-Eso parece- Asintió el mayor.

-Creo entender lo que esta pasando- Murmuró pensativo. Ambos ahora se dirijan al despacho del Príncipe mientras hablaban.

-¿Le avisamos de esto al Príncipe Miki?- Cuestionó el Cónsul. 

-No, necesito conseguir algo mas para que se quede contento y volvamos a ser aliados, tal vez con la ubicación exacta de la gema... - Jul necesitaba algo contundente para que su infantil y caprichoso amigo renovara la alianza entre sus reinos, si averiguaba donde tenían oculta la gema del Mar definitivamente lo conseguiría pero aquello era mucho mas sencillo de decir que de hacer. 

-Podría usar el archivo de los planos de la Isla- Comentó Yossel a la pasada haciendo que Jul detuviera de golpe su andar. 

-¿Que es eso?- 

-Es un gran libro con los planos e información de cada palacio en esta Isla, el mismo arquitecto los diseñó- 

 Eso era definitivamente lo que necesitaba para descubrir la ubicación de la gema. 

-¿Y donde puedo conseguirlo?- 

-El problema es que el arquitecto fue amigo de uno de los predecesores del Rey del Reino de la Tierra y  después de construidos los castillos le regaló el archivo de los planos a este. Actualmente el libro se encuentra en la biblioteca del palacio de los Caballeros de la Tierra-  

-¡Por supuesto! ¿Dónde mas podía estar? ¿En nuestra biblioteca o en la de los pacifistas de la Luna? No ¿Para que?- Jul se agarraba de la cabeza sin poder aceptar su mala suerte. 

-No se preocupe Príncipe, mañana mandaré a nuestros mejores hombres para que roben el archivo- 

-Eso no va a ser necesario- Sin previo aviso Jul retomó la marcha pasando junto al Cónsul al cual le tomó unos segundos reaccionar y apresurarse para alcanzarle. 

-¿Príncipe?- A Yossel le preocupaba esa mirada en los ojos de su adorado Principie, sabía que cuando algo se le metía en la cabeza nada podía hacer para detenerlo. 

-Me encargaré personalmente de esto- Sentenció clavando su seria y penetrante mirada sobre la de su contrario, indicándole con ese gesto discreto y silencioso que se retirara y lo dejara solo. Yossel no contradijo la voluntad de su majestad e inclinándose hacia adelante como un respetuoso saludo  abrió la puerta de su despacho y volvió a cerrarla después de que el Príncipe entrara. 

Jul caminó en la soledad de aquella habitación, se paró frente a la gran mesa de roble tallado que tenía por escritorio, apoyó ambas manos sobre este y agachó la cabeza escondiendo su rostro bajo el cerquillo bicolor.  

-El Príncipe Karo tuvo la osadía de entrar en mi habitación... Tal vez debería devolverle el gesto-  Y una vez mas esa sonrisa diabólica se vislumbraba entre las sombras. Karo, quien lo había llegado a considerar un ángel, no podría haberse alejado mas de la realidad.  

No perdonaría tan fácilmente aquella grabe ofensa, pero mas que eso no se perdonaría a si mismo haber dejado escapar tan exquisita presa.  

...

La noche transcurrió dando paso a una cálida mañana. 

En el Palacio de los Caballeros de la Tierra un joven de cabellos negros se había levantado mas temprano de lo usual, llamando la atención de su controlador Cónsul. 

-"Controlador" es una palabra fuerte- Murmuró, un tanto ofendido, tocando la puerta abierta del despacho de Karo antes de pasar.  

¿Es difícil que los personajes escuchen la narración? Si, de echo lo es, porque se distraen y hacen mas difícil mi maldito trabajo que es NARRAR LA PUTA HISTORIA Y POR QUE NADIE SE GARCHÓ A NADIE TODAVÍA ?!?!?

-Príncipe Karo se levantó mas temprano hoy- 

-Ah Denis, pasa por favor. ¿Estamos ignorando a la narradora?- 

-Como siempre. ¿Qué hace?- 

Si, ignorenme cuando les conviene. Volviendo a la jodida historia, Karo se encontraba sentado frente a su escritorio escribiendo una importante carta. 

-Le escribo una carta a mi hermana- 

-¿La Princesa Beth?-

Karo asintió con una sonrisa ligeramente triste, se suponía que su querida hermana mayor viviría con él en el Reino de la Luz y la Oscuridad pero días antes de su partida ella cayó enferma y tuvieron que cancelar aquel plan.  

-Continua enferma, por eso no pudo venir aun pero prometí que le escribiría cada vez que pudiera. Quiero mandarle algo especial, un obsequio ¿Tu que crees Denis?- 

-Tengo entendido que a la Princesa la gustan mucho las novelas románticas, en nuestra biblioteca privada hay gran cantidad de obras de ese genero, no creo que alguien se queje si toma un ejemplar de allí- 

-Si, eso es perfecto, gracias Denis- Karo extendió los brazos atrapando al Cónsul entre estos para darle un fuerte abrazo. 

-Sin abrazos, sin, sin abrazos-Se quejaba empujando al mas joven lejos de su espacio vital. A Denis no le gustaba mucho el contacto físico o las muestras explicitas de afecto, prefería mantener todo de manera cordial y objetiva. 

-Bueno, me voy a buscar el regalo de Beth- Dejó en paz a Denis, quien no tardó ni un segundo en inspeccionar y acomodar su traje, y salió del despacho.  

Karo presentía que aquel día le iría mucho mejor que el anterior, y con ese optimismo en mano se dirigió hacia la biblioteca, sin sospechar que no muy lejos de donde se hallaba un extraño intruso merodeaba los alrededores del palacio. 

Un misterioso encapuchado había pasado desapercibido por los guardias mientras observaba  a través de los altos ventanales buscando testarudamente dicha biblioteca. Recorrió los jardines hasta encontrar la ventana indicada.  

 El encapuchado trepó hasta el segundo piso y empujó la ventana dándose cuenta que esos idiotas la habían dejado abierta, lo que le permitió entrar muy fácilmente. Se sorprendió cuando vio que aquel lugar era realmente enorme y tenía muchos mas libros de los que se esperaba, pero al menos estaba completamente vacío, así que no tendría que preocuparse por ser visto. 

-Bien, el archivo de los planos...- Jul no perdió tiempo y se dispuso a buscar el archivo entre aquel mar de libros y estanterías. Poco después Karo entró en la biblioteca. Al ser esta tan grande ninguno logró ver al otro y por un buen rato continuaron desencontrándose con una sincronización perfecta. 

Hasta que ambos encontraron lo que buscaban. 

-Seguro este le gustará- Pensó el pelinegro tomando un libro de tapa roja con el titulo; "El dinosaurio asesino enamorado". Entonces notó que una de las ventanas que daba al jardín lateral estaba completamente abierta y el señor tuvo que ir a cerrarla, la verdad no se por que, no creo que haya un buen motivo simplemente tenía que cerrarla, capas que tenía miedo de que se le metiera una rata o algún Testigo de Jehova , ni idea. En fin, fue y cerró la ventana, dejando sin salidas de escape al Príncipe Jul que aun permanecía allí dentro (¿Que, la trancó con llave la ventana? esto no tiene puto sentido.)   

-¡Por fin!- Jul había conseguido el archivo de los planos, y ya estaba pensando en ir a visitar la recamara del Príncipe del Reino de la Tierra cuando escuchó unas pisadas no muy lejos de donde estaba. -Mejor me voy antes de que me vean- Apuró su paso, dirigiéndose a la ventana que había dejado abierta. Ya tendría muchas oportunidades de vengarse de su enemigo, pero no podía darse el lujo de que los de la Tierra lo atraparan en ese momento. Comenzó a correr mirando para atrás por si alguien lo estuviera siguiendo, fue entonces que sintió como su cuerpo entero impactaba contra lo que parecía ser una pared de concreto macizo.  

-¡Uhg!- Jul soltó un quejido de dolor pensando que el choque de su contrario se asemejaba a que alguien le arrojara un ladrillo en medio de la cabeza. 

-Perdón no te... ¡¿Príncipe Jul?!- Gritó el pelinegro cuando reconoció el rostro del Príncipe, consternado por la parecencia ajena.  

-Estamos en una biblioteca, tienes que hacer silencio- Se sobó la frente sin preocuparse mucho por que el otro lo hubiera descubierto. 

-¿Que haces aquí? ¿Y que llevas contigo?- Le cuestionó molesto al notar el libro que Jul cargaba bajo su brazo.  

-¿Que estas ciego? Es un libro- 

-¡Ya se que es un libro! ¿Pero por que lo tienes tu? ¿Y que haces en mi castillo?- La insistencia y prepotencia del mayor comenzaban a fastidiar a Jul, era mas que obvio el echo de que le estaba robando el libro ¿Por que tenía que explicarle todo al homo sapiens? 

-¿Y quien fue el que se metió en mi recamara en primer lugar?- No podía recriminarle nada, al final le estaba pagando con la misma moneda. 

-Es diferente eso fue un accidente- Karo no quería pelear con el castaño pero algo en él lo irritaba terriblemente. 

-Eres muy estúpido ¿Sabes?- Se bufó soltando una media sonrisa despectiva.

-¡Deja de insultarme!- Le dio un pequeño empujón alejándolo hacia atrás. Karo no podía tolerar esa actitud altanera, ese aire de superioridad que aquel chico destilaba, había logrado agotar la inmensa paciencia y amabilidad que comúnmente mostraba. 

-¡No me toques! Mono subdesarrollado- Jul comenzaba a mostrar sus dientes y estaba listo para desenvainar su espada contra el mayor... Si solo hubiera llevado su espada. 

-¡Cierra la boca! Solo eres un niño mimado y presumido- 

-Me estas haciendo enojar idiota, no quieres verme enojado- 

¡Pelea, pelea, pela!, em quiero decir...  La tensión crecía con cada insulto y agresión. Parecía que estaban listo para agarrarse a los saques, Jul tenía a Karo sujeto del cuello de su camiseta y tironeaba de esta haciendo que el mas grande tuviera que inclinarse hacia adelante para quedar frente a frente con su rival. Pero en medio de los insultos y supongo que de el calor del momento a los Príncipes se les escaparon pensamientos muy interesantes... 

-Bastardo malnacido, ¿Te piensas que puedes pasar por encima de la gente? ¡¡No te creas mejor solo por tener ese par de ojos hermosos!!- 

-¡¡Mira quien lo dice!! ¡¡Tu eres quien se cree la gran cosa solo por estar asquerosamente bueno!! Espera...-

-¿Q, que...?- 

Luego de eso los dos quedaron en total silencio, estupefactos por lo que había dicho el otro, mirándose directamente a los ojos con expresión de asombro y un leve sonrojo adornado sus mejillas. 

El semblante de Jul cambió lentamente, entre abrió un poco la boca y, aun sujetando a Karo de su camiseta, se fue acercando tímidamente, atento a su reacción. El mayor dudó solo por un instante pues él fue quien terminó con las escasa distancia que había entre sus bocas, abrazándolas en un beso cargado de pasión. Jul sentía sus labios derretirse siendo devorados por los ajenos, mientras enganchaba sus dedos entre los oscuros cabellos de Karo, y este presionaba su cuerpo musculoso contra el del castaño. Sus lenguas se enredaban con desespero entre si, hundiéndose mas y mas en sus gargantas, la saliva se derramaba por la comisura de sus labios.  

Aquel beso, el beso perfecto, el primer beso, secretamente deseaban que fuera eterno. Y lo fue, hasta que Karo, en un momento de lucidez, recobró la cordura y recordó que eran enemigos, acabando cruelmente con aquel hermoso acto de desenfreno.  

-¿Que estamos haciendo?- Susurró soltándose de los labios contrarios aun sintiendo su calor y recordando su sabor. 

-Besándonos- Respondió Jul descartando el echo de que no era una pregunta literal. 

-¡Ya se que nos estamos besando, no soy estúpido!- 

El clima romántico se había marchitado por completo. 

-Pensé que tenía que aclararlo- A pesar del beso la idiosincrasia grosera de Jul no había cambiado para nada.  

-Ya no hables- Lo silenció el mayor antes de que volvieran a pelear. 

-¡Príncipe Karo!- 

Ambos Príncipes se sobresaltaron cuando a lo lejos se escuchó la voz del Cónsul Denis buscando a su Príncipe. 

-Es Denis ¡Escóndete! ¡No puede vernos juntos!- Exclamó en voz baja el pelinegro,  se notaba mucho mas alterado y nervioso.

-Ni que fuera tu esposa- A diferencia de Jul que se mantenía prendido del pecho del mayor. 

-¡Solo hazme caso maldición!- 

-Igual yo ya me iba, ábreme la jodida ventana para poder escapar como el amante clandestino que parece que soy- 

Karo sacó la llave de su bolsillo y abrió la ventana rápidamente (mirá, si se trancaba con llave ¿Qué loco no?), así Jul logró escabullirse antes de que Denis llegara al lugar. 

-Hola Denis- Lo saludó Karo completamente tenso y nervioso, fingiendo que acababa de notar su presencia. 

-Me pareció ver a alguien mas por aquí- Mantenía una expresión sumamente seria, escondiendo su mirada de sospecha tras sus gafas rectas. 

-Jaja ¿Enserio? Yo no vi a nadie- Karo sudaba como una puerca, intentando tapar disimuladamente la ventana con su cuerpo. 

-...-  Dejó pasar unos segundos de letal silencio, prácticamente apuñalando a Karo son su inquisitiva mirada. -Bueno, si ya tiene el libro vayámonos, acaban de servir el desayuno- 

-S,si- 

Karo pudo volver a respirar, aliviado de que su Cónsul no hubiera descubierto lo sucedido. Los dos hombres se retiraron entonces al comedor principal para tomar un merecido desayuno. 

...

Con el archivo en mano Jul se apresuró a llegar donde había dejado escondido su caballo, montó y retornó a su palacio, perdiéndose entre la espesura del Ásfera.  

-¡Volví!- Exclamó, anunciándose al cruzar las puertas. Yossel fue el primero en recibirlo, para su desgracia, con una amarga sorpresa. 

-¡¿Príncipe donde estaba?!- 

-Fui a conseguir el archivo de los planos... ¿Qué te pasa? ¿No estas mas nervioso de lo usual?- Volvió a pasar de largo sin hacer mucho caso a la exagerada preocupación que mostraba su Cónsul, en definitiva estaba acostumbrado a los melodramas de Yossel.

-La Rosa de los Vientos... Se la llevaron- Dijo casi en un susurró denotando temor. Esta vez si tenía razones para ponerse melodramático.  

Jul se detuvo en seco, giró el rostro para mirar a Yossel con una tenebrosa expresión que destilaba una mezcla entre consternación e ira. 

-¿Que dijiste?- 

sábado, 6 de noviembre de 2021

La Leyenda del Palacio de Cristal

 La leyenda cuenta que en una tierra lejana, apartada de la humanidad, cuyo cielo jamás era tocado por el velo de la noche, existía un palacio hecho de cristal. Sus altas torres se alzaban y parecían rozar las alturas de la esfera celeste para luego perderse en ella. Rodeado por la gloria de una pradera cubierta de flores, se extendía hasta el horizonte y un poco mas allá.

En aquel palacio que podría haber sido sacado de un idílico sueño, vivían los tres hermanos; Luz, Esperanza y Amor. Juntos pasaban sus días tranquilos, a resguardo de las brillantes paredes como estrellas en el firmamento, reflejando los rallos del sol, el color del cielo y las flores, visto de lejos daba la ilusión de que la imponente estructura desaparecía ante sus ojos. Alejados de la crueldad del hombre, no conocían la tristeza o la soledad. Amor adoraba el aroma de las flores, así se gastaba sus horas, recorriendo las bastas praderas, recolectando los pétalos que se desprendían con la brisa, para esconderlos en las habitaciones y que aquella fragancia se impregnara en el ambiente.
Esperanza amaba a sus aves, que siempre le seguían a donde fuese, las cuidaba, alimentaba y acicalaba, recibiendo a cambio dulces cantos y sinfonías. Por ultimo, Luz, el mayor de los hermanos, guardaba un enorme espejo en su habitación, este te mostraba todo lo que quisieras ver, pero por alguna razón Luz le tenía a sus hermanos terminantemente prohibido acercarse y mirar en él.

Cierto día, Esperanza, quebrantado por su curiosidad, decidió romper aquella regla. Se escabulló en la recamara de Luz y miró en el espejo, este le enseñó el mundo donde habitaban los humanos, lo que secretamente mas deseaba ver. Y Esperanza vio, vio lo bueno y también lo malo, presenció lo peor de la humanidad, su dolor, su angustia, su desesperación y su miseria. En su propia pena vislumbró la razón verdadera de su existencia y supo entonces que debía ayudar a esas pobres criaturas. Guardó silencio con pesar, y sin poder siquiera despedirse de sus hermanos, abandonó el palacio.

Cuando Luz descubrió la traición de Esperanza quedó completamente devastado, luego de ver en el espejo la razón por la cual su amado hermano les había dejado sin decir palabra, destruyó este en su cólera, y los pedazos cayeron cual lluvia espesa tras un estallido ensordecedor. Después de aquello Luz no volvió a ser el mismo de nuevo, pues mas roto que el culpable espejo se encontraba su ser. Sin hallar consuelo en el menor, dejó de hablar, y al poco tiempo de mirar y escuchar, al final ya siquiera se movía. Su cuerpo permaneció aletargado sobre el trono huérfano de Esperanza, hasta que un día simplemente desapareció.

Amor buscó al mayor incansablemente por cada rincón del palacio y sus alrededores, pero fue en vano. Corrió a la habitación de Luz para mirar en el espejo donde se hallaba él. Pobre Amor, que aturdido por su desesperación había olvidado que el que fue una vez el mas grande tesoro de Luz, ahora eran solo trozos rotos, descansando en paz, sobre el suelo, fragmentos que ya no reflejaban mas que sus lagrimas, y su corazón se llenó de dolor. Pero las lagrimas se secaron, y la tristeza se consumió después de un tiempo, dando paso a la soledad, soledad que creció y creció como un parásito que en su corazón mutó, y escurrió entre las heridas un mal oscuro y dañino que fue gestando de la soledad y la tristeza, continuó expandiéndose dentro, comiéndose todo hasta convertirse en odio y rencor. Las flores marchitaron y se volvieron ceniza, la pradera se secó dejando una tierra árida y sombría, lúgubre y silenciosa como la muerte.
Amor destruyó lo que una vez había sido su querido hogar. Pero, no siendo esto suficiente, decidió vengarse de los humanos, aquellos que le habían arrebatado lo que mas amaba, haría que sintieran lo mismo que él había sentido, que sufrieran lo mismo que él había sufrido. Tomó un trazo del espejo y con este se arrancó el corazón, al separarse de su cuerpo se convirtió en un pedazo de metal. Abandonó los escombros de cristal, los vestigios de un palacio, y se marchó para no volver jamás.

Así fue como los tres hermanos se separaron para caminar en nuestro mundo. La esperanza siempre velando por el bienestar de los humanos, la luz buscando incansablemente sobre nosotros, mirando a través de nuestros ojos, y el amor, tentador y despiadado, cobrándose su venganza, desgarrando nuestros corazones, mortificándonos hasta la muerte. 


Me pregunto si alguna vez podrán volver a estar juntos.


viernes, 15 de octubre de 2021

Lo que Ocultan los Bosques - Capítulo 1 El Pueblo Rojo

 

El Pueblo Rojo


Solía mudarme mucho, el trabajo de mi padre me había obligado a conocer varias partes del mundo. Trabajaba para una revista de viajes, escribía artículos sobre destinos extraños o poco conocidos, yo los consideraba como "información sobre pequeños pueblos perdidos que a nadie le interesa visitar", mi madre por su parte era senderista y guía profesional, a ella si le gustaba viajar por el mundo, a diferencia de mi, ir de pías en pías, conocer nuevos sitios que nadie había explorado debidamente, así que ayudaba a mi padre con sus artículos y las fotos. De esa manera fue como terminé en un pequeño y aislado pueble al sur de Francia, "El Pueblo Rojo", era conocido así por estar rodeado de un extenso bosque que lo separaba de la carretera y cualquier otro lugar habitado, como si fuera una muralla, los otoños eran largos y las hojas de los arboles se tornaban de un color rojo profundo, tiñendo el pueblo  con una acolchada capa de este mismo color cuando las hojas caían y se amontonaban por doquier. Además de aquello tenía otra peculiaridad que noté al revisar el mapa de la zona, las calles, la mayoría terminaban en un corredor sin salida, muy pocas de estas desembocaban en otras. Mientras mas te alejabas del centro del pueblo los intrincados caminos comenzaban a parecerse a las raíces de un árbol. Parecía que fácilmente podríamos perdernos en aquel lugar, pero nuestra llegada resultó mas sencilla de lo que me hubiera esperado. A primera vista se sentía como un sitio tranquilo y acogedor, un lugar en donde nunca pasaba nada, pero quizás esa era la impresión que quería darte, a propósito, para que bajaras la guardia. Por desgracia yo caí en su trampa, y conocí su verdadera cara mas temprano que tarde. 

Estuve casi 6 meses desaparecida, según lo que escuché. Cuando regresé había surgido del bosque como si de un fantasma se tratase. Recuerdo los rostros desconsolados de mis padres, cubiertos en lagrimas y un llanto de agonía y alivio, me abrazaban con fuerza, rodeándome, dando gracias al cielo por tenerme de vuelta. Luego el hospital, me revisaron y chequearon de arriba a abajo, pero no encontraron nada, no había indicios de inanición o deshidratación, no había rasguños, golpes o cualquier tipo de abuso físico, mi cuerpo estaba completamente sano. Lo poco resaltable en mi, era mi falta de ropa cuando me encontraron y la incapacidad de hablar. Todos querían saber que me había pasado pero las palabras simplemente no salían de mi boca, y en realidad en mi mente un único pensamiento se repetía opacando cualquier otra cosa, necesitaba regresar al bosque. De todas formas la policía logró encontrar a mi secuestrador, o lo que quedaba de él, su cuerpo yacía junto a un árbol muy cerca de una vieja cabaña alejada del camino, no llevaba mucho tiempo muerto pero su cuerpo ya había sido devorado por los animales, o mas bien por un animal, un animal muy grande. Me proporcionaron una psiquiatra obligatoria que servía como mi terapeuta, al menos hasta que el caso se resolviera completamente, en realidad no fui de mucha ayuda para la policía, quienes estaban desesperados por averiguar que mierda había sucedido en aquel sitio, no consiguieron nada de mi, no dije una sola palabra. 

Pero si recuerdo, perfectamente, recuerdo todo lo que pasó. Me perdí, seguro que me equivoqué de calle cuando regresaba a casa, recuerdo a ese hombre de pelo canoso con su destartalado auto gris, hablando en francés, creo que dijo que quería ayudarme a encontrar mi casa, le repetí la dirección con la mejor pronunciación que pude, él asintió con la cabeza y me tomó de la mano para que subiera a su auto, me pareció extraño pero el temor de perderme aun mas, alejarme del centro y terminar en el bosque fue mas fuerte que mi sentido común, así que me fui con él. Lo siguiente que recuerdo es estar encadenada a la pared de una vieja y sucia cabaña, pasé mucho tiempo allí, si hacia algo de ruido aunque fuera un leve crujido de cadenas me golpeaba con fuerza, si no hacia ruido de todas formas me lastimaba y abusaba de mi casi todos los días. Las ultimas semanas fueron las mas difíciles, estaba deseando morir con cada fibra de mi alma, ya no podía aguantarlo mas. Me aterraba cada vez que escuchaba el sonido de sus pisadas crujiendo el follaje seco y rojo. Me recosté en el suelo y esperé, estaba demasiado cansada como para intentar escapar, gritar o pelear por mi vida. Sentí que algo me llamaba, no una voz, sino mas bien una sensación que me logró despertar, abrí los ojos lentamente y vi a una niña parada justo frente a mi, observándome, era tan hermosa que parecía un ángel, por un momento me creí muerta o quizás estaba alucinando, iba con los pies descalzos, vestida con un sencillo pero precioso vestido blanco, llevaba el cabello suelto, una larga y rizada cabellera pelirroja contrastando contra una piel pálida. Intenté hablarle, pero mi garganta estaba tan seca y adolorida, no pude decir nada, no pude detenerla cuando se dio la vuelta y se fue, dejándome sola otra vez, mis ojos se empañaron y derramé las ultimas lagrimas que me quedaban, un llanto silencioso. 

Aun pensaba en aquella niña mientras mi terapeuta intentaba sonsacarme alguna palabra, lo que fuera, creo que a esa altura le hubiera bastado con un ruido o un gesto, pero no recibió nada, mi rostro no mostraba ninguna expresión, era un caso perdido. Suspiró con un dejo de frustración, mas frustrada debía estar la policía quien aun no encontraba al asesino de mi secuestrador, solo tenían mi ADN y el suyo, pero tampoco podían saber si había sido yo. Por un tiempo todo lo que hice fue ir de casa a la clínica, donde tenía mis sesiones, y viceversa, empezaba a sentir hambre, un hambre ligera que poco a poco incrementaba, mis padres estaban preocupados porque no estaba comiendo, querían internarme pero en cada chequeo medico el doctor aseguraba que yo estaba saludable, creo que él pensaba que mis padres solo estaban exagerando, y ellos no podían entender como, si no comía nada, ¿Cómo era eso posible?. 

Un día me topé con un hombre, antes de entrar al consultorio, era otro paciente de mi terapeuta. Se alejó rápidamente rumbo a la salida, quizás lo espante con mi poco sutil forma de mirarlo. La doctora pronunció mi nombre y entre al cuarto sin despegar mis ojos de aquel hombre que se perdió al doblar a la derecha al final del corredor, seguí observando en la dirección en que se había marchado, aun con la puerta ya cerrada. Ella se dio cuenta, y al notar, aunque fuera, una leve reacción de mi parte, preguntó -¿Conoces a ese hombre?- No le presté mucha atención pero respondí con otra pregunta -¿Es un paciente suyo?- Intentó reprimir el asombro en su rostro, era la primera vez que me escuchaba hablar desde casi dos meces de habernos conocido. La doctora continuó con naturalidad, o al menos tratando de fingirla - Si, es mi paciente, recientemente tuve cambiar sus sesiones para hoy-. -¿Vendrá de nuevo?- pregunté interrumpiéndola. Creo que me malinterpretó, comenzó a parlotear sobre como no tenía de que preocuparme, que este era un lugar seguro, y que nadie podría hacerme daño. No era lo que quería saber, así que guarde silencio por el resto de la hora. Regresé a la semana siguiente, mi padre me dejó en la puerta de la clínica y se fue, pero no entré, esperé afuera a que ese hombre saliera, lo vi dirigirse al estacionamiento y lo seguí. Cuando se dio cuenta de mi presencia me preguntó nervioso si necesitaba algo, yo asentí con la cabeza y señalé su auto, me cuestionó si lo que quería era un aventón y volví a asentir, abrió la puerta de su auto, del lado del pasajero, entré y me senté junto a él. 

Llegué a casa un par de horas después, mis padres me recibieron entre lagrimas, gritos, abrazos y regaños, querían saber donde había estado, por poco y no llaman a la policía. No respondí nada, una vez libre de su agarre, cuando ya se hubieron calmado, subí a mi cuarto. A esa altura ellos ya estaban pensando en dejar el pías, comenzando a planificar cual sería su siguiente destino, ansiosos por dejar este pueblo lo mas pronto posible, el miedo, la preocupación y el estrés comenzaba a desbordarlos. Consideraban un lugar mas seguro para vivir, tal vez alguna ciudad de Europa del norte, una zona mas poblada, con un colegio y jóvenes de mi edad. Era lo que siempre había soñado,  antes de lo que me pasó, aquello me hubiera hecho muy feliz, pero ya era demasiado tarde para tener una vida normal. Tenía mis propios planes, el bosque me llamaba y debía regresar. Mientras ellos discutían sobre la mudanza y que iban a hacer con el trabajo, en las noticias mencionaban el hallazgo de un cuerpo en el bosque, otro hombre había sido encontrado muerto, devorado casi por completo, la carne de su rostro roída hasta el hueso y de sus órganos internos solo quedaban algunos restos. Tomé la cuchara que tenía frente a mi, la hundí en el plato de sopa y me la llevé a la boca, mi madre paró en seco, dejando de prestarle atención a la conversación con mi padre, me observaba con una sonrisa al borde de las lagrimas, mientras comía la sopa que me había preparado. Poco tiempo después me comentaron que la próxima semana sería mi ultima sesión con la doctora, asentí con desinterés, mi madre ya se estaba acostumbrando a eso. 

El día llegó, esta vez mi padre me acompañó hasta la puerta del consultorio y dijo que me estaría esperando en el estacionamiento cuando saliera. Entré, la mujer me miró con una sonrisa, luego de hacer una pequeña broma con el susto que le había dado cuando no me presente aquel día, confirmó el hecho de que esa sería nuestra ultima charla. -Lo se- Su sorpresa no fue tanta como la primera vez pero aun le resultaba increíble poder escuchar el sonido de mi voz, comentó que le hubiera gustado tener al menos una conversación apropiada conmigo, lamentaba el no haber podido ayudarme, aunque fuera solo un poco. -¿Quiere saber lo que pasó?- Pregunté con un tono neutro y monótono, sus ojos se abrieron de par en par, intentó serenarse inmediatamente para poder contestarme de una forma profesional -Solo si tu quieres contarme- Volví a hablar, después de mucho tiempo, sin acotarme a una frase corta o una respuesta monosilábica. -En realidad no me interesa contarle lo que pasó, pero se cuanto desea saberlo, igual que todos los demás, considérelo como un regalo de despedida- Mi voz y mi rostro no mostraban ni un deje de emoción de ningun tipo. Ella se limitó a aceptar mi regalo con un silencio expectante. Comencé por el principio, como conocí a mi secuestrador y terminé en aquella cabaña, y luego le hable sobre la niña del vestido blanco. 

Regresó al mediodía con las compras del mercado y algo de leña para la estufa, inmediatamente las dejó sobre la mesa y empezó a mirar alrededor, murmuró algo que no llegué a entender, se veía molesto e intranquilo, desde donde estaba podía alcanzar a ver una de las ventanas, con asombro y miedo la divisé parada frente a la casa, como si esperara, el hombre también la notó, tomó rápidamente la escopeta y fue por la niña. Casi no podía mantenerme despierta por el agotamiento, cerré los ojos lentamente, percibiendo el espeluznante sonido de las hojas crujiendo, disparos, silencio y luego los gritos, pero no eran los de la niña. Un sonido viscoso y desagradable me mantuvo consiente después de espabilarme con aquellos gritos, era como si algo o alguien estuviera comiendo con la boca abierta, después de un rato aquellos ruidos grotescos fueron suplantados por una voz gentil y cálida -¿Quieres salir?- No pude responderle, pensé que estaba muriendo, sentía que estaba muriendo -Te sacaré de aquí- afirmó, con ese mismo tono suave y amable. -Pero...- Sus palabras quedaron suspendidas en la profunda oscuridad de mi conciencia. Cuando desperté lo entendí, era libre y ya no sentía dolor, como si aquellas horribles cosas jamás me hubieran pasado, aunque aun pudiera recordarlas. Vi el cadáver destripado al salir de la cabaña y un rastro de sangre que se perdía entre el rojo seco del follaje, regresando a lo profundo del bosque. De alguna forma sabía como salir de ahí, así que simplemente caminé y seguí caminando hasta hallar la fuente de ese apetitoso aroma.  

La doctora me observaba consternada y algo escéptica. -¿Así  que aquella niña mató al hombre que te secuestró?- Intentaba procesar y entender lo que le acababa de contar. -No, no exactamente- Respondí, dejándola aun mas confundida que antes. No tenía mas nada que decir, así que, resignada, me aconsejó que continuara con mi tratamiento en mi nuevo hogar, y que estaba feliz de haber podido conocerme y hablar conmigo. El reloj marcó el final de la sesión, me levanté y me acerqué a la puerta -Ya es hora de que vuelva- Susurré al salir. Caminé por el corredor hasta encontrar la salida de emergencia, seguí por una pequeña calle en dirección opuesta a mi casa, una de esas calles sin salida, que desembocaba en el bosque, mientras esperaba sentí el sonido de los tacones acercándose rápidamente hasta detenerse, la doctora me llamó por mi nombre. Palabras ininteligibles, gritos en un idioma que suponía no saber, no tardó mucho en darse cuenta, mi garganta reseca ya no podía pronunciar ni un sonido, según el doctor mis cuerdas bocales se habían atrofiado, esa era mi cicatriz y mi obsequio.  De pronto la doctora se paralizó, algo se acercaba a nosotras, asomándose entre los arboles, una niña de largo cabello rizado y pelirrojo, contrastando contra su pálida piel de porcelana, vistiendo un sencillo y hermoso vestido blanco. aquella que seguramente, y como psiquiatra, pensó que mi mente había creado para protegerme de los traumáticos eventos que me ocurrieron. Justo frente a sus ojos, lo que me llamaba desde las profundidades del bosque había venido por mi, tomé su mano y con la otra me despedí de la doctora con un silencioso gesto. Comenzamos a adentrarnos, perdiéndonos rápidamente entre la roja espesura. 

Si llegan al Pueblo Rojo, no vayan al bosque, es muy posible que se pierdan y muy improbable que puedan salir. 




miércoles, 2 de junio de 2021

Como Matar a un Alfa. Parte 3

 

Lo conocí cuando empecé a trabajar en el caso del Asesino de Alfas, pasó por mi lado sin siquiera mirarme, como si no existiera, su piel olía a sangre, la sangre de la victima que yacía al fondo de aquel callejón. Recuerdo pensar que era el hombre mas hermoso que había visto en mi vida. 

-¿Tienes fuego?- Llamé su atención haciendo que se volteara a verme, al menos por un instante. 

-No, no fumo- Respondió, observando la profundidad de la noche con los ojos de un depredador. 

-Trabajas para C.S.C Company ¿Cierto?- Me acerqué a él, manteniendo una distancia respetuosa. Simplemente asintió con poco o nulo interés. 

-Me llamo Devian, por cierto- Debo admitir que intentaba vanamente captar su atención de alguna manera, pero no parecía importarle. -Hueles a sangre- Así que opté por algo un poco menos convencional. 

-Si, limpio mucha sangre a diario, entre otras cosas- Me cautivaba su forma de hablar, en que estaría pensando, que estaría mirando. 

-Es algo extraño ¿Por qué alguien elegiría ese tipo de trabajo como profesión?- Intenté observar también lo que captaba su atención, fijando mis ojos en la penumbrosa distancia. 

-La paga es buena. Cuando no tienes muchas opciones, tomas el trabajo que nadie mas quiere hacer- 

-Es cierto. Me repites tu nombre- Probé mi suerte. 

-No te dije mi nombre- Y fracasé alevosamente. 

Ansioso porque me mirara y por no dejar morir la conversación utilicé la ultima carta que me quedaba. 

-Eres el Asesino de Alfas- Le miré de reojo buscando alguna reacción 

-Si, claro, como si una persona como yo pudiera matar a un alfa- Se mofó, sin darle mucha importancia, a nada, no le interesaba saber quien era yo, o porque le hablaba a un extraño, siquiera mis intenciones o como me veía.  

-Eso es lo que todos dirían, nunca nadie señalaría a un omega , ni se les pasaría por la cabeza. Todos te subestiman, nadie se voltearía a mirarte, esa es tu ventaja- Aquello fue una provocación vil y deliberada, tal vez nacida de mis instintos mas narcisistas y competitivos, algo que casi siempre lograba reprimir.

-¿Tienes alguna prueba o solo se te acabaron las formas de llamar mi atención? Detective- No pude esconder una sonrisa cuando sus ojos llenos de desinterés y un atisbó de fastidio se posaron en mi. Y supe entonces, un poco satisfecho, que su falta de curiosidad, su completo control y serenidad ante la charla era porque sabía, con certeza, mucho mas de mi, de lo que yo podría haber teorizado sobre él. 

-No, solo quería conversar con alguien- Me atraía esa manera informal y casi despectiva con la que me respondía, como si fuéramos -Amigos. Me gustaría que fuéramos amigos- Podía sonar un poco pretencioso, pero me parecía que la sutileza no funcionaba bien con mi contrario. 

Se detuvo un instante, mirándome, analizándome, pensando. Supongo que en una respuesta. 

-Si fuera tu, no me haría amigo de un  asesino de alfas, Señor Alfa.- Esbozó una inocente y siniestra sonrisa. Por su parte, habiendo concluido la conversación, se dio la vuelta para marcharse. 

-Mantén a tus enemigos cerca- Se detuvo solo un segundo al escucharme, pero rápidamente retomó su andar, sin despedirse, sin voltear a mirarme. Se dirigió a ese lugar oscuro, que le resultó mas seductor, mas digno de su atención. Recordé algo que mi madre me había dicho antes de suicidarse "Nunca seas como ellos, no te conviertas en ellos", y dejé que se fuera. Después de todo sabía que ese hombre era el Asesino de Alfas, pero como bien dijo, no tenía ninguna prueba, además, quería conocerlo un poco mejor, y con suerte tener otra casual y agradable charla. 


domingo, 25 de abril de 2021

Como Matar a Un Alfa. Parte 2

 

Me tomé una píldora antes de entrar en la habitación, el hedor a sangre y encierro viciaba el ambiente, se podía percibir desde el pasillo.  

-Debes ser el novato, pasa- Me recibió a pocos pasos de la entrada un hombre canoso de cuerpo robusto, su mirada se notaba cansada y un poco hastiada, su expresión era seria y algo molesta. -No pensé que llegarías...- Hizo una pausa. -Tan pronto- Concluyó, caminando delante de mi por los extensos corredores. Era una casa grande pero antigua, no muy bien cuidada, miré hacia arriba buscando por las paredes y el techo, al parecer el Teniente leyó mis movimientos. -Ni te molestes, no hay ninguna cámara de seguridad ni nada por el estilo, era un viejo ermitaño- Llegamos a la recamara principal donde aquel inmundo olor se concentraba. -Lo encontró el ama de llaves, venía cuatro veces a la semana- Sobre el piso, frente a la cama, yacía el cuerpo envuelto en sangre. 

-Lleva entre 5 y 6 horas muerto- Levantó la vista una chica joven de cabello rojizo, vestida de blanco. Tomaba fotos del cuerpo, de cuclillas junto a este.  

-Camila, este es el nuevo, el Detective- Sostuvo esa ultimo "e" como si intentara recordar mi nombre, sin mucho esfuerzo. 

-Hasper, un placer- Me presenté a ella. 

-Uhh carne fresca para el matadero- Mencionó, con una sonrisa infantil, volviendo a bajar la mirada para continuar con sus asuntos. 

-Detective Hasper, ella es la Doctora forense Dicecil- La presentó el Teniente, pasando a acomodarse junto a ella, y el cadáver, que era bordeado por un charco de sangre.   

-Por favor, dime que no es otro mas- Comentó el hombre denotando aun mas aflicción y cansancio, con un semblante casi resignado. 

-Entonces no tengo mucho para decirte- Respondió ella, inmutable y bastante cómoda con el ambiente a su alrededor. 

-No de nuevo, carajo- Se frotó la frente echando un suspiro. 

-¿El Asesino de Alfas?- Intervine por fin en la conversación. El Teniente me miró como exigiendo una explicación. -Leí el expediente completo antes de venir, el cuerpo tiene laceraciones punzocortantes distribuidas por varias zonas, concentradas en la garganta, el pecho, el estomago y los genitales- Me acerqué también para observar mas detenidamente. -Son puñaladas profundas y violentas, algunas están superpuestas, esta clase de brutalidad podría indicar una ira contenida por parte del asesino- Entonces una voz exclamó con entusiasmo, interrumpiéndome abruptamente.

-Nada mal ¿Cómo te llamas?- Parecía haber captado la atención de la Doctora Dicecil. 

-Detective Hasper- Repetí, pensando que no recordaba nuestra presentación o no le habría importado retener mi nombre. 

-No no, quiero tu nombre de pila- 

-Camila no llama a las personas por su apellido- Aclaró el Teniente, tan serio como se mostraba.

-ah, Sam, Samuel- 

-Te voy a decir Sam, puedes llamarme Camila- Sonrió. -Pensé que te habían mandado mas carne de cañón Greg- Se dirigió esta vez al Teniente. 

-No me hago ilusiones- Supongo que este ultimo no tenía muchas expectativas puestas en mi. - Dime ¿Tienes el arma homicida?-  

-Sep, lo mató con una botella de  ron, saqué algunos fragmentos de vidrio del cuerpo- 

-Dejame adivinar, la botella le pertenece al muerto- 

-DIN DIN DIN tenemos un ganador- La Doctora sacó de una valija la mitad de una botella empaquetada como evidencia. -Creo que la estrelló contra allá- Señaló el filo rasguñado de una cómoda de madera frente a la cama.

-¿Huellas parciales, pelos, una maldita gota de sudor?- La frustración se acrecentaba en el semblante del hombre a cada segundo. 

-Ya quisieras, deberían llamarlo "el maldito fantasma"- Rio ella con despreocupación. -Lo mismo de siempre Greg, sin duda es trabajo del Asesino de Alfas- 

-Novato ¿Te estamos aburriendo?- Me llamó la atención mi superior, yo volteé a verlos de inmediato, ya que había abandonado la reunión para inspeccionar la habitación. 

-Lo siento Señor, es que me di cuenta de que no hay sangre- 

-Yo veo mucha por aquí- Señaló con un gesto el charco debajo, y el rojo sobre el cuerpo. 

-Pero no hay salpicaduras, todo está demasiado "limpio"- Dije a falta de una mejor expresión.

-Si, huele como a un jardín de flores aquí dentro. novato- Chistó sarcástico. 

-Tiene razón- Lo detuvo en seco la Doctora, notando seguramente lo mismo que yo. -Este tipo de puñaladas violentas y consecutivas deberían dejar la habitación como un jodido Pollock- Tomó un borde del acolchado y lo olió. -No huele como el resto de la casa, lo lavaron.- 

-¿No tenemos luminol o lamparas de luz ultravioleta?- Pregunté. Si podíamos ver el patrón de salpicaduras tal vez conseguiríamos un poco mas de información. 

-¿Que te crees que somos? ¿Los putos federales? Apenas y tenemos un laboratorio para analizar muestras-

-Podríamos pedirle a Encantador que nos consiga uno- Mencionó Camila. 

-Jah, claro- Soltó una risa irónica e iracunda. 

-¿Encantador?- Cuestioné confundido. 

-Es el detective que esta a cargo de la investigación del Asesino de Alfas- 

-Un alfa adinerado, criado en cuna de oro, lo asignaron a este caso hace un año, y ni siquiera se molesta en presentarse a la escena- Refunfuñaba el hombre intentando contenerse. En parte podía entender su molestia y su frustración, el Asesino de Alfas había estado matando al menos por 6 años, los cuerpos se apilaban sin ninguna pista o indicio, habían aprendido a varios sospechosos, pero cuando pensaban que ya lo tenían un nuevo cuerpo aparecía y todo se iba a la basura,   

-No te preocupes por Gregor, siempre se pone así cuando se nombra al Asesino de Alfas o a Encantador- La Doctora se levantó y colocó una mano sobre mi hombro, como para consolarme, quizás solo una amabilidad por ser el nuevo. 

-¿Por qué le dicen Encantador?- 

-Ya lo sabrás cuando lo veas. Tal vez podamos usar tu idea de la luz para la próxima- Antes de que pudiera decir algo mas un oficial entró en la habitación. 

-Vamos, recojan todas las evidencias, los de la limpieza ya llegaron- 

Los de limpieza, lo había olvidado, si quedaba algún rastro de sangre u otra evidencia ellos la destruirían. 

-Podemos llevarnos el cubrecamas como evidencia, tal vez quede algo ahí- 

Observé al Teniente, se había mantenido en el umbral de la puerta, hizo un gesto de aprobación con la cabeza, y el acolchado fue empaquetado al igual que el cuerpo de aquel viejo Alfa ermitaño. pronto ya no quedaba mas nada que aquel charco de sangre. Salí junto a la Doctora, cruzándonos en el camino con los que se encargaban de limpiar las escenas del crimen, ella les informó que habíamos terminado y podían comenzar a trabajar. 

Los demás volvieron a la estación, a mi me mandaron al cuarto de hotel donde me estaba quedando para que desempacara y tomara una ducha, mientras se realizaba la autopsia, apenas llegue a la ciudad ya me habían avisado del nuevo caso, fui directo a la escena, ni siquiera tuve tiempo para dejar mis maletas en el hotel. Después de la ducha me cambie el traje, y tomé otra pastilla. Miré mi reflejo en la ventana del cuarto y toqué mi rostro, reconociéndome con dificultad. 

-Puedes hacer esto. No es un fantasma, está ahí, en algún lugar, encuéntralo- 

Era mi primer caso, y la ansiedad hervía en mis venas, prometiéndome una larga noche de insomnio. 



lunes, 5 de abril de 2021

La Caja del Caos Capitulo 2

 

Capítulo 2- LA CHICA EN LA AZOTEA. 


No hubo nada antes, solo despertó. Abrió los ojos lentamente, el aire estaba tranquilo, ni una nube en el cielo, no sentía frío, ni calor, pero todo era tan silencioso que no parecía real, era tan acogedor y amable...

Y falso.

Se incorporó quedando sentada sobre el piso, el que había sido su reposo, con las piernas entrecruzadas, le llevó unos pocos segundos comprenderse en aquel lugar, la azotea del instituto. Se giró sobre su hombro para mirar alrededor, descubriendo una silueta, sentada también en el suelo, a una considerable distancia, tan quieta y serena que parecía pintada sobre el paisaje. Era una chica de largo y lacio cabello negro, de tez pálida y ojos azules, entre sus delgados dedos sostenía una foto que contemplaba con nostalgia y un poco de melancolía. La chica levantó la mirada y sus ojos se cruzaron sin sorpresa, le saludó con una voz dulce y apagada.

Ella regresó el saludo de la misma manera pero sin ese semblante cálido y amigable. La chica misteriosa se hizo cargo de continuar la conversación.

-Nunca te había visto por aquí, debes ser nueva ¿Verdad?-

Ya llevaba casi dos semanas en el instituto, pensó, pero si, técnicamente era nueva. Asintió con la cabeza, acomodando el cuerpo para quedar de frente a la chica, la cual dobló la foto que sostenía con recelo y la guardó en su bolsillo.

-Me llamo Miharu-

Lili guardó silencio hasta entender que la chica esperaba por su nombre.

-Soy Lili-

-Es un placer Lili-

Aquella le sonreía amablemente, no era algo excesivo y forzado, mas bien todo lo contrario, se sentía genuino, le sostenía la mirada con sus pequeños ojos azules entrecerrados, la miraba a los ojos cuando le hablaba y le sonreía con una pequeña sonrisa modesta. Aquel gesto le daba confianza, tal vez no para acercarse pero al menos para devolverle la palabra.

-¿Y ese uniforme?-

El uniforme del instituto consistía en una camisa blanca, un chaleco azul oscuro y una corbata del mismo color, con un diseño de tela simple, pantalones para los chicos y faldas planas para las chicas, Lili detestaba ese color azul y la falda, así que usaba una chaqueta negra y los pantalones. El uniforme de Miharu era casi totalmente blanco, solo resaltaba la corbata y los detalles en gris, lo mas diferenciable era el diseño del pecho y la falda tableada. 

Los pequeños ojos azules entrecerrados se abrieron por aquella pregunta. Cosa que a Lili le llamó la atención, parecía algo completamente obvio, no llevaban el mismo uniforme. La sorpresa en el rostro de Miharu duró poco, de inmediato retomó la compostura y soltó una pequeña risa silenciosa, la cual cubrió con su mano, como si hubiera escuchado algo reconfortante, su expresión se relajó en pena. No respondió la pregunta, se levantó del suelo y Lili la imitó, las dos estaban paradas frente a frente manteniendo aquella peculiar distancia, demasiado alejada como para hablar cómodamente, pero como no se escuchaba un ruido, se podía percibir la suave voz de la muchacha con total claridad.

-Este lugar puede ser bastante confuso y aterrador, si necesitas ayuda puedes hablar con el hombre del hacha, el responderá tus preguntas, te ayudará a entender este lugar -

-¿El hombre del hacha?- Era la primera vez que escuchaba aquel nombre, sonaba a leyenda urbana, pero Miharu se refería a él como una persona real. Mas que preguntarle por aquel hombre le hubiera gustado saber por qué se le veía un poco triste, pero no dijo nada.

-Si me ves por ahí finge que no me conoces, seguramente será mi copia- Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la barandilla.

Aquello ultimo no llegó a comprender del todo, quizás había escuchado mal, y solo quería que no se acercara a saludar cuando la viera de nuevo.

-Lo siento. Me gustaría poder conversar mas contigo- Pasó la barandilla quedando parada sobre la cornisa, de cara a una caída de tres pisos, su cabello ondulaba con la brisa silenciosa, como lazos negros extendiéndose hermosamente, contrastando sobre la tela blanca. Volteó el rostro para mirar a Lili una vez mas, recogiendo su cabello tras la oreja delicadamente.

-Creo que nos hubiéramos llevado bien, hubiéramos sido buenas amigas- Sonrió ampliamente, no había nada falso en ella, ni sus gestos, ni sus palabras, algo tan hermoso y sincero no podía durar mucho. Se dejó caer, echando su peso hacia adelante, entregando su cuerpo al vacío como un sacrificio. En los ojos de Lili aquel cuerpo había desaparecido en un solo pestañeo, una bocanada de aire se quebró en su garganta, caminó hacia la barandilla como un sonámbulo, inclinó su cuerpo sobre esta y miró, un pequeño cuerpo desplomado en una posición imposible, reposaba sobre la tierra como una flor pisoteada, blanca y roja, una vista tétrica que se quemó en su memoria. Se echó hacia atrás abruptamente, con el pecho agitado, mas terrorífico que aquella imagen fue el notar aquel silencio, todo continuaba en silencio, ese silencio que nunca se fue. No hubo revuelo, ni un grito, ni siquiera un maldito llanto, su muerte no cambiaba nada, como si de verdad no importara. No quiso volver a mirar, y solo se fue.

-Miharu- Repitió su nombre para no olvidarlo, repitió su voz, y su rostro, lo poco que le había dicho, aquella corta conversación, la repitió una y otra vez en su cabeza para que todo se quedara grabado a fuego en su mente. Bajó por las oscuras escaleras, completamente ensimismada, hasta llegar al segundo piso, de pronto se sintió desorientada, junto a la suya había otra escalera la cual no recordaba, ni tampoco el corredor que se abría a la derecha. Se mantuvo mirándolo con la curiosidad de un gato, amagó a dar un paso en aquella dirección pero en ese preciso momento alguien le detuvo.

-No deberías estar aquí-

Lili se giró para encontrarse con un hombre de unos 30 años, le resultó muy extraño, no recordaba haberlo visto antes en la escuela, pero su aspecto era algo peculiar, difícil de olvidar, su color de cabello era de un gris verdoso, sus cejas sumamente delgadas y pálidas apenas se distinguían, llevaba puestas unas gafas de borde negro que cubrían casi por completo sus ojos y una bata blanca que le llegaba a los tobillos. Le enseñaba una sonrisa amplia con los ojos cerrados.

-Yo..- Dudó un poco antes de responder, retenida por la primera impresión que el extraño le había generado. -Soy nueva, y no tengo muy buen sentido de la orientación- Dio aquella escusa, impulsada por un instinto de desconfianza. Los ojos del hombre se abrieron entonces para mirarla sin deshacer aquel semblante cordial y apacible.

-¿Estas perdida?-

Aquellos ojos de color morado rojizo en contraste con su piel pálida le recordaban a los conejos blancos de laboratorio. Pero como el hombre no la miró con sorpresa ni desagrado ella tampoco lo hizo. Tuvo que decirle que estaba perdida, en cierta forma así era, no sabía exactamente donde estaba pero no creyó conveniente preguntarle.

-¿De que clase eres?-

- La clase "C"-

-Está hacia el otro lado, déjame que te acompaño- Hizo un gesto para que lo siguiera. Lili agradeció la amabilidad del hombre y comenzaron a caminar por el pasillo en dirección opuesta a donde ella quería ir.

-No me agradezcas, es mi trabajo-

En el, no muy extenso, recorrido de regreso, el extraño se presentó como Cecil, el enfermero del colegio, pero aclaró que además servía como consejero para los estudiantes. En un punto del camino Cecil se detuvo frente a una puerta blanca con una pequeña ventana en la parte superior para marcarle a Lili que esa era la enfermería, ella no dijo nada y solo asintió, Cecil le sonreía todo el tiempo al hablarle, con un tono amable, pero Lili jamás cambiaba su expresión inexpresiva, seria, distante.

-Bueno, aquí es tu clase- Se detuvo junto a la puerta y dio un pequeño vistazo dentro. -Disfruta de lo que queda del receso. La cafetería está en el piso de abajo, bajando las escaleras, al final del pasillo a la derecha, la veras enseguida. Si necesitas ayuda con lo que sea no dudes en ir a verme, por lo general estoy en la enfermería-

-Si, gracias-

-No hay de qué, que tengas un día tranquilo- Le saludó con la mano, se dio media vuelta y se marchó por donde vino, siempre con aquella sonrisa ambigua.

-¿Tranquilo?- La gente por lo general decía "Ten un buen día" o "Ten un lindo día" o cosas por el estilo, era la primera vez que escuchaba a alguien decir "Que tengas un día tranquilo". Miró dentro de su clase, la encontró completamente vacía, si sus compañeros realmente estaban en el primer receso eso significaba que había dormido en la azotea por mas de una hora, de todas formas no pensaba ir a la cafetería hacinada de gente. 

Observó alrededor desde el umbral de la puerta, la clase de enfrente, al otro lado del pasillo, la mitad de la pared era una ventana que te permitía ver todo lo que pasaba dentro del salón, los alumnos estaban en clase, todos concentrados mirando la pizarra donde su profesora escribía un largo texto que parecía no acabar jamás. Ni uno de ellos estaba distraído o en una posición diferente al resto, no había nadie dormido o apoyado sobre su pupitre o recargado sobre el respaldo, todos lucían una postura recta, todos miraban hacia el mismo punto. Pero algo robó la atención de Lili mas que aquello, el color negro en sus uniformes, era el segundo conjunto diferente que veía ese día. Antes de darse cuenta, inmersa en sus pensamientos, se había quedado mirando fijamente aquella masa de estudiantes, cuando repentinamente uno de ellos, sentado casi en el medio junto a la ventana del pasillo, corrió sus pupilas en un movimiento rápido, contemplando a Lili por el rabillo del ojo, su cabeza le acompañó mas tarde, giró su cuello en un movimiento igual de rápido y espeluznante, ahora observaba fijamente a la chica al otro lado del pasillo. 

No podía soportar los ojos que miraban dentro de sus ojos, tomándolo como un gesto hostil, su cuerpo comenzó a moverse ante el instinto de huida. Tanteó con su mano el marco de la puerta y se metió dentro de su clase, cerrándola tras de si. Llevó un par de segundos serenarse, mitigar la ansiedad y el estrés que aquel encuentro había generado, después de centrarse, caminó hasta su asiento donde encontró su mochila colgada del respaldo, la colocó sobre la mesa y abrió para buscar dentro, halló todo lo que siempre llevaba consigo a excepción de su celular. Sin darle tiempo a pensar en donde podría haberlo dejado, unos inquietantes gritos sonaron a la distancia, quebrando el silencio sepulcral que los abrazaba. 

Se asomó por la ultima ventana de la clase, la que daba al jardín, cerca del portón principal alcanzó a ver como un estudiante con su mismo uniforme era sujetado por un hombre desde atrás. Soltaba frenéticamente aquellos espantosos gritos. El silencio allí estaba tan viciado que cualquier ruido medianamente fuerte se apoderaba de todo y llegaba a todas partes. En los oídos de Lili se percibían como punzadas de dolor. Pronto otro estudiante llegó, ella se encontraba demasiado lejos como para distinguir bien lo que pasaba, pero en cuanto el segundo estudiante se paró delante del primero, este dejó de gritar. Intentando tener una vista mas clara Lili precipitó su cuerpo hacia adelante, dejando la mitad de este por fuera de la ventana, sus manos eran su mayor punto de apoyo, sosteniendo casi todo el peso. El hombre soltó al mas joven, quien se desplomó sobre el suelo, y la sangre comenzó a expandirse bajo el cuerpo. Ante tal impactante escena una de las manos de Lili resbaló por la cornisa de la ventana, su parte superior se tambaleó hacia adelante. Por la inminente caída, como un acto reflejo enganchó sus piernas a la pared, golpeando dolorosamente los huesos de sus rodillas en el acto, abrazó el filoso borde como si la vida se le fuese en ello, y aunque sentía mucho dolor peor hubiera sido el de sus extremidades quebrándose al estrellarse contra el piso. Pasando el primer vértigo se incorporó con mucho cuidado, sus piernas flaquearon y tuvo que sentarse, apoyando su dorso contra la pared, contempló su palma y sus muñecas rojizas y raspadas mientras intentaba normalizar su alterada respiración, ni siquiera quiso comprobar el estado de sus rodillas o su abdomen, ignoró el dolor para salir de la clase.

Dio unos cuantos pasos por el pasillo, dirigiéndose hacia las escaleras, su cabeza estaba llena de pensamientos, algunos mas claros que otros, repetía lo mas importante, una y otra vez, como un mantra, para no olvidar. Pero mientras mas retenía algunas cosas sentía que otras se fugaban como agua entre las grietas. Tal vez no había visto bien, quizás ese chico no estaba muerto.

-Miharu saltó de un tercer piso- Quizás ella tampoco estaba muerta. Tantos, tantos pensamientos caóticos conjugándose y agitándose sin parar. ¿Dónde dejé mi celular? ¿Por qué tienen otros uniformes? ¿Qué hay a la derecha de las escaleras? ¿Miharu saltó de un tercer piso? ¿Siempre hubo una enfermería en ese lugar? ¿Quién es el hombre del hacha? ¿Pudimos haber sido amigas? ¿Por qué te vez triste? ¿Por qué hay tanto silencio?

¿Cómo llegué aquí?

Un sonido débil se agitó en el aire, un pequeño y agudo cascabel, rebotaba en el silencio hasta llegar a sus oídos, atravesar su cuerpo y continuar su camino. Fue un aviso, una alarma que detuvo de golpe todos sus brumosos pensamientos y la arrastró de vuelta. Miró hacia atrás, la clase ubicada en frente de la suya, su puerta se había abierto, comenzó su resceso. 

Paralizó su corazón, la imagen del tumulto de estudiantes de negros uniformes manando por la puerta, avanzando en su dirección, llenando el pasillo. Lili apuró su paso con el temor de quedar atrapada entre ellos, probó cada pestillo que se le cruzó hasta que por fin uno se abrió. Se ocultó dentro de aquel salón, cerrando la puerta suavemente para no alertar a los extraños.  

 La penumbra la increpó, de fresco alivio y soledad, se permitió un suspiro. Pero allá en un rincón bañado por la luz que se colaba entre las cortinas, los sollozos y resoplidos contenidos le invitaban a acercarse, lentamente, haciendo eco de sus pasos caminó hasta aquel punto, encontrándose con una pequeña bola temblorosa, de cabello naranja y alborotado. 

Al notarla levantó su rostro y la distinguió entre las sombras con los ojos perturbados al borde de las lagrimas.

-¿Lili?-

¿Era un tercer piso? Parecía mas alto.  

jueves, 1 de abril de 2021

Como Matar a un Alfa. Parte 1

 Otro Alfa muerto, informaban en las noticias. Me había detenido en un bar, que quedaba de camino al trabajo, solo para tomar un café. Junto a mi, un par de hombres mayores comentaban acerca de la trágica noticia.  


-Ahí va otro alfa. No entiendo que es lo que hace la policía ¿Todavía no han atrapado a ese bastardo?- Se quejó, para darle un profundo trago a su cerveza y azotar la jarra contra la mesa de la barra.  

-Debe ser uno de estos Alfas ricos, con mucho poder, por eso la policía no hace nada, si no ¿Quién mas podría matar a un Alfa?- Cuestionó, mirando en la pantalla del bar, el numero de muertes confirmadas había aumentado considerablemente en los últimos años. 

-Pero simio no mata simio ¿Verdad?- 

Con aquel ultimo comentario ambos comenzaron a reír a carcajadas, parecía que en el fondo no les importaba en lo mas mínimo que un hombre hubiera muerto desangrado después de recibir dieciocho puñaladas por todo el cuerpo. Bueno, tampoco era su problema, ellos eran un par de ancianos beta, así que no corrían ningún peligro. 

Pagué mi café y me fui de allí discretamente, tenía que continuar mi camino. Las personas mueren todos los días y uno tiene que seguir con su vida, siempre es así. 

Me detuve un momento, suspiré, mirando mi reflejo en la vitrina. 

-¿Cuanto faltará para mi próximo celo?- 

Me sentía un poco cansado últimamente, tal vez era acumulación de estrés. Había pasado algo de tiempo desde la ultima vez que lo había hecho. En algún punto hacerlo se había convertido en una adicción, aunque yo no lo quisiera realmente, no era mi culpa haber nacido así. 

-Tengo que comprar mas detergente y lejía- Recordé, retomando mi andar. Caminando entre las demás personas como uno mas en la multitud, sin que nadie reparara en mi. 

Sentía la garganta seca y el pecho oprimido. Estaba ansioso por matar a mi próximo Alfa.