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sábado, 13 de enero de 2024

La Caja del Caos Capitulo 3

 


Capítulo 3- RECESO.


-A veces siento que la vida es un sueño, un largo y tedioso sueño del que no puedo despertar, que afortunados deben ser los que ya han escapado, por eso yo no puedo llorar por ellos.-



-Esta muerto- 

Sus sollozos angustiados eran bañados por la luz del sol, allí en un pequeño rincón, aferrado a su propio cuerpo, como si este fuera a desmoronarse, el miedo se deslizaba desde el interior de su cabeza hasta el ultimo centímetro de su ser y lo estremecía. Un contraste singular se alzaba frente a él, de pie bajo la sombra, el filo de la penumbra no lograba perturbar su semblante sereno y compuesto, observando a su contrario sin emitir juicio alguno. 

-Deja de llorar- Ordenó con un tono apático. 

-Pero nuestro compañero...-Intentó explicarse con dificultad, la voz quebrada y casi sin aire, pero fue interrumpido al instante. 

-Yo también lo vi, desde la ventana de la clase- Aclaró.

El alivio momentáneo fue cortado secamente tras la repentina partida de la muchacha. -¿Lili? ¿A donde vas?- Se incorporó lo mas rápido que pudo y le siguió a trompicones. 
Con insistencia buscaba respuestas en ella, pero no obtuvo mas que una mirada tajante, Lili lo increpó para que se mantuviera en silencio y no llamar la atención. Bajaron las escaleras y se dirigieron a la entrada, donde, para su sorpresa, el cuerpo de su compañero de clases ya no estaba. En su lugar solo quedaba la mancha rojiza, que comenzaba a ser absorbida por la tierra. Lili ojeó su alrededor buscando algo, aunque ni ella sabía muy bien qué. 

-¿Alguien se llevó el cuerpo de Marck?-

Por un momento había olvidado la compañía del pelirrojo, hasta que este se le acercó para poder hablarle en voz baja. Temblaba como un cervatillo recién nacido, resguardándose tras su espalda, podía sentir su calor demasiado cerca, incómodamente cerca. 

-¿De quien?- Cuestionó, apartándose de la asustadiza cría para remarcar cierta distancia. 

-Nuestro compañero de clase- Respondió confuso. La miraba directamente con esos grandes ojos ámbar, del mismo color que la miel, sin inmutarse por su rostro desfigurado. Su expresión le recordaba a la cercenada cabeza de un cordero. 

-Ah... Si, supongo- No era como si pudiera desaparecer. Tal vez quienes lo mataron habían regresado por el cuerpo. 

-¿Por qué?- Susurró Sun con una expresión de pena y consternación, observando el débil rastró de sangre que se desvanecía frente a sus ojos.

-¿"Por qué"? ¿Importa? ¿O siquiera se necesita un motivo para hacer algo así?- Las palabras de Lili eran desalmadas. Pero en la mente de Sun no cabía entendimiento alguno para el horrible acto injustificado que presenció, aunque buscarle sentido fuera inútil, lo necesitaba, no era algo que pudiera controlar. Lili estaba mas enfocada en su entorno, en calma pero siempre alerta, su prioridad era discernir donde se encontraba exactamente y, aun mas, como poder escapar de allí. 

Amagó en dirigirse al portón principal pero fue detenida inmediatamente por el pelirrojo. -Está cerrado- Tartamudeó -Marck intentó salir por ahí antes de que lo mataran- Lili observó el rostro nervioso del chico para luego regresar su mirada al portón, a través de los barrotes de fierro pintado de negro, del otro lado de la calle no consiguió vislumbrar persona alguna y el único sonido que se manifestaba era el barullo distante proveniente de la cafetería. -¿Deberíamos decirle a los demás?- Cuestionó Sun, talvez para distraerla de aquel peligroso deseo de acercarse a los limites del complejo. 

-Si quieres que mueran como ese chico- Respondió ella, ahora concentrada en el muro y sus alrededores. La consternación de Sun se hizo notar, envuelto en miedo y confusión. 
-¿Por qué dices eso?- Le volvió a temblar la voz. 

-Algo está mal con este lugar- Murmuró Lili para si misma. -¿Tienes tu celular?- Se giró de pronto para mirar a Sun, dejando las dudas de este sin resolver. 
-Creo que lo dejé en la clase- Se sobresaltó ante la tan directa pregunta y el brusco movimiento. 

-Necesito que...- Su petición fue interrumpida por el llamado de un tercero. 

-¡Sun!- Agitaba su palma a la distancia un chico de cabello café vestido con su mismo uniforme. 
-Es mi amigo Dess- Aclaró el pelirrojo ante la tensa postura de Lili. 
-Ve- Le ordenó ella con tono bajo. 
-Pero...- Sun dudó intercalando los ojos entre su amigo y la chica. 
-Actúa normal y no hables con nadie de lo que pasó, nos encontramos a la salida en el laboratorio de ciencias- Sun no tuvo tiempo de objetar, entre el insistente llamado de Dess y la inminente partida de Lili, solo le quedó regresar al complejo mientras la chica tomó dirección hacia la zona oeste del patio. 

-¿Que te tomó tanto tiempo? Me estaba aburriendo allá- Dess colocó su brazo sobre los hombros de Sun guiándolo al comedor donde los demás chicos los esperaban. 
-Lo siento- Fue lo único que logró decir con algo de timidez. 
-Tranquilo, no te preocupes, tu amigo te guardó una porción de papas fritas- Dess continuó con su alegre conversación, mientras por el rabillo del ojo Sun veía a Lili alejarse. Aun en una situación como esta, ella seguía prefiriendo estar sola. No tenía mas opción, mantener la calma, fingir normalidad, no decirle nada a nadie y esperar por la culminación de las clases. 

Su separación era inevitable, quizás la suerte o el puro azar así lo quiso, tal vez algo aun mas desconocido. Si hubieran permanecido juntos un poco mas habrían visto, merodeando entre los arbustos, al gato blanco. 

domingo, 21 de mayo de 2023

Las Tumbas del Gato Blanco

 El Jardinero cuidaba con recelo sus plantas y flores, su hermoso jardín siempre perfecto, hasta que llegó el gato blanco. El animal lo observó inquisitivamente con aquellos ojos extraños, el derecho de color verde y el izquierdo de un peculiar turquesa. Al principio no le dio mucha importancia, se limitó a espantar lejos aquella peste de su amado jardín, pero el gato seguía volviendo, así que intentó atraparlo, sin mucha suerte. El gato blanco iba y venía a su antojo, lejos del alcance del Jardinero. Una noche el hombre soñó con el gato, con sus ojos extraños y su mirada afilada, soñó como este destruía el rosedal, soberbio, malicioso, como si se estuviera burlando de sus esfuerzos. Al día siguiente se encontró al animal muerto junto a las rosas, estas se conservaban impolutas y exquisitas, como siempre. Aliviado, el Jardinero tomó una pala y cavó una pequeña tumba donde colocó el cuerpo rígido y blanco, para continuar con sus tareas cotidianas. Pasaron un par de días, y sobre el muro cubierto de verdes enredaderas descansaba un gato blanco, al cual el jardinero juró, por aquellos ojos extraños, haber enterrado con sus propias manos. Esto se repitió una y otra vez, incansablemente, un día el gato aparecía muerto, el jardinero cavaba una tumba sin lapida y unos días después el mismo maldito gato volvía, para reírse de él, de su hermoso jardín, con flores marchitas que desprendían un aroma putrefacto, tierra suelta y gusanos, su amado tesoro se había convertido en un cementerio con 500 tumbas donde descansaba 500 veces el mismo gato blanco. 

lunes, 5 de abril de 2021

La Caja del Caos Capitulo 2

 

Capítulo 2- LA CHICA EN LA AZOTEA. 


No hubo nada antes, solo despertó. Abrió los ojos lentamente, el aire estaba tranquilo, ni una nube en el cielo, no sentía frío, ni calor, pero todo era tan silencioso que no parecía real, era tan acogedor y amable...

Y falso.

Se incorporó quedando sentada sobre el piso, el que había sido su reposo, con las piernas entrecruzadas, le llevó unos pocos segundos comprenderse en aquel lugar, la azotea del instituto. Se giró sobre su hombro para mirar alrededor, descubriendo una silueta, sentada también en el suelo, a una considerable distancia, tan quieta y serena que parecía pintada sobre el paisaje. Era una chica de largo y lacio cabello negro, de tez pálida y ojos azules, entre sus delgados dedos sostenía una foto que contemplaba con nostalgia y un poco de melancolía. La chica levantó la mirada y sus ojos se cruzaron sin sorpresa, le saludó con una voz dulce y apagada.

Ella regresó el saludo de la misma manera pero sin ese semblante cálido y amigable. La chica misteriosa se hizo cargo de continuar la conversación.

-Nunca te había visto por aquí, debes ser nueva ¿Verdad?-

Ya llevaba casi dos semanas en el instituto, pensó, pero si, técnicamente era nueva. Asintió con la cabeza, acomodando el cuerpo para quedar de frente a la chica, la cual dobló la foto que sostenía con recelo y la guardó en su bolsillo.

-Me llamo Miharu-

Lili guardó silencio hasta entender que la chica esperaba por su nombre.

-Soy Lili-

-Es un placer Lili-

Aquella le sonreía amablemente, no era algo excesivo y forzado, mas bien todo lo contrario, se sentía genuino, le sostenía la mirada con sus pequeños ojos azules entrecerrados, la miraba a los ojos cuando le hablaba y le sonreía con una pequeña sonrisa modesta. Aquel gesto le daba confianza, tal vez no para acercarse pero al menos para devolverle la palabra.

-¿Y ese uniforme?-

El uniforme del instituto consistía en una camisa blanca, un chaleco azul oscuro y una corbata del mismo color, con un diseño de tela simple, pantalones para los chicos y faldas planas para las chicas, Lili detestaba ese color azul y la falda, así que usaba una chaqueta negra y los pantalones. El uniforme de Miharu era casi totalmente blanco, solo resaltaba la corbata y los detalles en gris, lo mas diferenciable era el diseño del pecho y la falda tableada. 

Los pequeños ojos azules entrecerrados se abrieron por aquella pregunta. Cosa que a Lili le llamó la atención, parecía algo completamente obvio, no llevaban el mismo uniforme. La sorpresa en el rostro de Miharu duró poco, de inmediato retomó la compostura y soltó una pequeña risa silenciosa, la cual cubrió con su mano, como si hubiera escuchado algo reconfortante, su expresión se relajó en pena. No respondió la pregunta, se levantó del suelo y Lili la imitó, las dos estaban paradas frente a frente manteniendo aquella peculiar distancia, demasiado alejada como para hablar cómodamente, pero como no se escuchaba un ruido, se podía percibir la suave voz de la muchacha con total claridad.

-Este lugar puede ser bastante confuso y aterrador, si necesitas ayuda puedes hablar con el hombre del hacha, el responderá tus preguntas, te ayudará a entender este lugar -

-¿El hombre del hacha?- Era la primera vez que escuchaba aquel nombre, sonaba a leyenda urbana, pero Miharu se refería a él como una persona real. Mas que preguntarle por aquel hombre le hubiera gustado saber por qué se le veía un poco triste, pero no dijo nada.

-Si me ves por ahí finge que no me conoces, seguramente será mi copia- Se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la barandilla.

Aquello ultimo no llegó a comprender del todo, quizás había escuchado mal, y solo quería que no se acercara a saludar cuando la viera de nuevo.

-Lo siento. Me gustaría poder conversar mas contigo- Pasó la barandilla quedando parada sobre la cornisa, de cara a una caída de tres pisos, su cabello ondulaba con la brisa silenciosa, como lazos negros extendiéndose hermosamente, contrastando sobre la tela blanca. Volteó el rostro para mirar a Lili una vez mas, recogiendo su cabello tras la oreja delicadamente.

-Creo que nos hubiéramos llevado bien, hubiéramos sido buenas amigas- Sonrió ampliamente, no había nada falso en ella, ni sus gestos, ni sus palabras, algo tan hermoso y sincero no podía durar mucho. Se dejó caer, echando su peso hacia adelante, entregando su cuerpo al vacío como un sacrificio. En los ojos de Lili aquel cuerpo había desaparecido en un solo pestañeo, una bocanada de aire se quebró en su garganta, caminó hacia la barandilla como un sonámbulo, inclinó su cuerpo sobre esta y miró, un pequeño cuerpo desplomado en una posición imposible, reposaba sobre la tierra como una flor pisoteada, blanca y roja, una vista tétrica que se quemó en su memoria. Se echó hacia atrás abruptamente, con el pecho agitado, mas terrorífico que aquella imagen fue el notar aquel silencio, todo continuaba en silencio, ese silencio que nunca se fue. No hubo revuelo, ni un grito, ni siquiera un maldito llanto, su muerte no cambiaba nada, como si de verdad no importara. No quiso volver a mirar, y solo se fue.

-Miharu- Repitió su nombre para no olvidarlo, repitió su voz, y su rostro, lo poco que le había dicho, aquella corta conversación, la repitió una y otra vez en su cabeza para que todo se quedara grabado a fuego en su mente. Bajó por las oscuras escaleras, completamente ensimismada, hasta llegar al segundo piso, de pronto se sintió desorientada, junto a la suya había otra escalera la cual no recordaba, ni tampoco el corredor que se abría a la derecha. Se mantuvo mirándolo con la curiosidad de un gato, amagó a dar un paso en aquella dirección pero en ese preciso momento alguien le detuvo.

-No deberías estar aquí-

Lili se giró para encontrarse con un hombre de unos 30 años, le resultó muy extraño, no recordaba haberlo visto antes en la escuela, pero su aspecto era algo peculiar, difícil de olvidar, su color de cabello era de un gris verdoso, sus cejas sumamente delgadas y pálidas apenas se distinguían, llevaba puestas unas gafas de borde negro que cubrían casi por completo sus ojos y una bata blanca que le llegaba a los tobillos. Le enseñaba una sonrisa amplia con los ojos cerrados.

-Yo..- Dudó un poco antes de responder, retenida por la primera impresión que el extraño le había generado. -Soy nueva, y no tengo muy buen sentido de la orientación- Dio aquella escusa, impulsada por un instinto de desconfianza. Los ojos del hombre se abrieron entonces para mirarla sin deshacer aquel semblante cordial y apacible.

-¿Estas perdida?-

Aquellos ojos de color morado rojizo en contraste con su piel pálida le recordaban a los conejos blancos de laboratorio. Pero como el hombre no la miró con sorpresa ni desagrado ella tampoco lo hizo. Tuvo que decirle que estaba perdida, en cierta forma así era, no sabía exactamente donde estaba pero no creyó conveniente preguntarle.

-¿De que clase eres?-

- La clase "C"-

-Está hacia el otro lado, déjame que te acompaño- Hizo un gesto para que lo siguiera. Lili agradeció la amabilidad del hombre y comenzaron a caminar por el pasillo en dirección opuesta a donde ella quería ir.

-No me agradezcas, es mi trabajo-

En el, no muy extenso, recorrido de regreso, el extraño se presentó como Cecil, el enfermero del colegio, pero aclaró que además servía como consejero para los estudiantes. En un punto del camino Cecil se detuvo frente a una puerta blanca con una pequeña ventana en la parte superior para marcarle a Lili que esa era la enfermería, ella no dijo nada y solo asintió, Cecil le sonreía todo el tiempo al hablarle, con un tono amable, pero Lili jamás cambiaba su expresión inexpresiva, seria, distante.

-Bueno, aquí es tu clase- Se detuvo junto a la puerta y dio un pequeño vistazo dentro. -Disfruta de lo que queda del receso. La cafetería está en el piso de abajo, bajando las escaleras, al final del pasillo a la derecha, la veras enseguida. Si necesitas ayuda con lo que sea no dudes en ir a verme, por lo general estoy en la enfermería-

-Si, gracias-

-No hay de qué, que tengas un día tranquilo- Le saludó con la mano, se dio media vuelta y se marchó por donde vino, siempre con aquella sonrisa ambigua.

-¿Tranquilo?- La gente por lo general decía "Ten un buen día" o "Ten un lindo día" o cosas por el estilo, era la primera vez que escuchaba a alguien decir "Que tengas un día tranquilo". Miró dentro de su clase, la encontró completamente vacía, si sus compañeros realmente estaban en el primer receso eso significaba que había dormido en la azotea por mas de una hora, de todas formas no pensaba ir a la cafetería hacinada de gente. 

Observó alrededor desde el umbral de la puerta, la clase de enfrente, al otro lado del pasillo, la mitad de la pared era una ventana que te permitía ver todo lo que pasaba dentro del salón, los alumnos estaban en clase, todos concentrados mirando la pizarra donde su profesora escribía un largo texto que parecía no acabar jamás. Ni uno de ellos estaba distraído o en una posición diferente al resto, no había nadie dormido o apoyado sobre su pupitre o recargado sobre el respaldo, todos lucían una postura recta, todos miraban hacia el mismo punto. Pero algo robó la atención de Lili mas que aquello, el color negro en sus uniformes, era el segundo conjunto diferente que veía ese día. Antes de darse cuenta, inmersa en sus pensamientos, se había quedado mirando fijamente aquella masa de estudiantes, cuando repentinamente uno de ellos, sentado casi en el medio junto a la ventana del pasillo, corrió sus pupilas en un movimiento rápido, contemplando a Lili por el rabillo del ojo, su cabeza le acompañó mas tarde, giró su cuello en un movimiento igual de rápido y espeluznante, ahora observaba fijamente a la chica al otro lado del pasillo. 

No podía soportar los ojos que miraban dentro de sus ojos, tomándolo como un gesto hostil, su cuerpo comenzó a moverse ante el instinto de huida. Tanteó con su mano el marco de la puerta y se metió dentro de su clase, cerrándola tras de si. Llevó un par de segundos serenarse, mitigar la ansiedad y el estrés que aquel encuentro había generado, después de centrarse, caminó hasta su asiento donde encontró su mochila colgada del respaldo, la colocó sobre la mesa y abrió para buscar dentro, halló todo lo que siempre llevaba consigo a excepción de su celular. Sin darle tiempo a pensar en donde podría haberlo dejado, unos inquietantes gritos sonaron a la distancia, quebrando el silencio sepulcral que los abrazaba. 

Se asomó por la ultima ventana de la clase, la que daba al jardín, cerca del portón principal alcanzó a ver como un estudiante con su mismo uniforme era sujetado por un hombre desde atrás. Soltaba frenéticamente aquellos espantosos gritos. El silencio allí estaba tan viciado que cualquier ruido medianamente fuerte se apoderaba de todo y llegaba a todas partes. En los oídos de Lili se percibían como punzadas de dolor. Pronto otro estudiante llegó, ella se encontraba demasiado lejos como para distinguir bien lo que pasaba, pero en cuanto el segundo estudiante se paró delante del primero, este dejó de gritar. Intentando tener una vista mas clara Lili precipitó su cuerpo hacia adelante, dejando la mitad de este por fuera de la ventana, sus manos eran su mayor punto de apoyo, sosteniendo casi todo el peso. El hombre soltó al mas joven, quien se desplomó sobre el suelo, y la sangre comenzó a expandirse bajo el cuerpo. Ante tal impactante escena una de las manos de Lili resbaló por la cornisa de la ventana, su parte superior se tambaleó hacia adelante. Por la inminente caída, como un acto reflejo enganchó sus piernas a la pared, golpeando dolorosamente los huesos de sus rodillas en el acto, abrazó el filoso borde como si la vida se le fuese en ello, y aunque sentía mucho dolor peor hubiera sido el de sus extremidades quebrándose al estrellarse contra el piso. Pasando el primer vértigo se incorporó con mucho cuidado, sus piernas flaquearon y tuvo que sentarse, apoyando su dorso contra la pared, contempló su palma y sus muñecas rojizas y raspadas mientras intentaba normalizar su alterada respiración, ni siquiera quiso comprobar el estado de sus rodillas o su abdomen, ignoró el dolor para salir de la clase.

Dio unos cuantos pasos por el pasillo, dirigiéndose hacia las escaleras, su cabeza estaba llena de pensamientos, algunos mas claros que otros, repetía lo mas importante, una y otra vez, como un mantra, para no olvidar. Pero mientras mas retenía algunas cosas sentía que otras se fugaban como agua entre las grietas. Tal vez no había visto bien, quizás ese chico no estaba muerto.

-Miharu saltó de un tercer piso- Quizás ella tampoco estaba muerta. Tantos, tantos pensamientos caóticos conjugándose y agitándose sin parar. ¿Dónde dejé mi celular? ¿Por qué tienen otros uniformes? ¿Qué hay a la derecha de las escaleras? ¿Miharu saltó de un tercer piso? ¿Siempre hubo una enfermería en ese lugar? ¿Quién es el hombre del hacha? ¿Pudimos haber sido amigas? ¿Por qué te vez triste? ¿Por qué hay tanto silencio?

¿Cómo llegué aquí?

Un sonido débil se agitó en el aire, un pequeño y agudo cascabel, rebotaba en el silencio hasta llegar a sus oídos, atravesar su cuerpo y continuar su camino. Fue un aviso, una alarma que detuvo de golpe todos sus brumosos pensamientos y la arrastró de vuelta. Miró hacia atrás, la clase ubicada en frente de la suya, su puerta se había abierto, comenzó su resceso. 

Paralizó su corazón, la imagen del tumulto de estudiantes de negros uniformes manando por la puerta, avanzando en su dirección, llenando el pasillo. Lili apuró su paso con el temor de quedar atrapada entre ellos, probó cada pestillo que se le cruzó hasta que por fin uno se abrió. Se ocultó dentro de aquel salón, cerrando la puerta suavemente para no alertar a los extraños.  

 La penumbra la increpó, de fresco alivio y soledad, se permitió un suspiro. Pero allá en un rincón bañado por la luz que se colaba entre las cortinas, los sollozos y resoplidos contenidos le invitaban a acercarse, lentamente, haciendo eco de sus pasos caminó hasta aquel punto, encontrándose con una pequeña bola temblorosa, de cabello naranja y alborotado. 

Al notarla levantó su rostro y la distinguió entre las sombras con los ojos perturbados al borde de las lagrimas.

-¿Lili?-

¿Era un tercer piso? Parecía mas alto.  

martes, 23 de marzo de 2021

La Caja del Caos Capitulo 1

 

Capítulo 1- No se corre en los pasillos.


El orden es una ilusión, el caos lo es todo. 

El pequeño golpeteo del reloj sonó primero, como un anticipo, en lo mas calmo de su inconsciente y aun soñando, justo antes de despertar. 

Se detuvo súbitamente, golpeando todo su cuerpo hacia arriba. Fue un despertar abrupto y nervioso, como si acabara de salir de una pesadilla, aquel sobresalto lo había dejado parado en medio de la clase. En apenas unos segundos sintió todos aquellos ojos sobre él, y a la fuerza tuvo que entender, poniendo aparte su confusión inicial, preso de aquel silencio terminal y las miles de miradas que se hundían profundo en su delgado cuerpo, sofocándolo lentamente, punzando sobre su pecho hasta la base de su garganta como si una fuerza invisible le estuviera estrangulando, se había quedado dormido durante la clase, en algún momento, aunque no recordaba exactamente cuando. La sangre comenzaba a agolparse en su rostro y el sudor frío a descender desde su frente, por la incomodidad que se palpaba dentro de aquel salón, cuando su amigo se inclinó hacia él para sujetar un extremo de su manga y cinchar con un poco de fuerza hacia abajo, ayudando a que volviera a sentarse. 

-Amigo ¿Estas bien?- Susurró, a un muy nervioso joven que apenas podía moverse del pánico. Lo único que pudo hacer para responder fue asentir con la cabeza.  

Los rostros inexpresivos se mantuvieron un corto, pero tortuoso, tiempo mas sobre él, hasta que otro sonido logró robarse la indeseada atención de la clase. Unos lugares mas adelante del suyo, un compañero había roto a mordidas un lápiz, sus piernas temblaban de forma obsesiva e ininterrumpida bajo el asiento, al igual que su mano, con un dedo daba golpecitos continuos contra la mesa, y jadeaba al respirar.  

Cuando los ojos lo volvieron el objetivo ya no pudo aguantar mas aquella presión que venía acumulando. 

-Necesito ir al baño- Casi que gritó, al tiempo que alzaba la mano para que el profesor lo notara.

-¿No puedes esperar? Acaba de comenzar la clase- Le respondió este. Se encontraba parado frente al pizarrón vacío, en una mano cargaba un libro de texto y en la otra un pedazo de tiza. 

-Enserio necesito ir al baño ahora- Su voz, como el resto de su cuerpo se estremecía de agonía y desesperación, al punto que parecía quebrarse en las ultimas palabras. 

-Bien, ve. Pero vuelve rápido-

Antes que el profesor le pusiera punto a la oración, su alumno ya había salido corriendo del salón, sin más, despavorido, como si algo lo persiguiera. Los demás compañeros le siguieron con la mirada hasta perderle de vista por completo. En cuanto el profesor comenzó a escribir en la pizarra todos volvieron su atención a este, rompiendo por fin aquella extraña tensión. Todo volvía a estar en su lugar, a ser como debería ser, todo estaba correctamente bien, aunque no para todos, el delgado y pálido pelirrojo que acababa de despertarse de la forma mas horrible, aun sentía cierta incomodidad dentro de él, algo no terminaba de cuadrar y por mas que lo intentara no lograba sentirse tranquilo. Era un día más, como cualquier otro, los mismos compañeros, el mismo profesor, la misma clase, todo se veía normal. Entonces por que su estomago se retorcía como una serpiente, enredándose con su propio cuerpo hasta convertirse en un apretado nudo. 

Todo se veía normal, pero no se sentía así.

Paseó los ojos por la clase, quizás en busca de aquello que le incomodaba, cualquier cosa que estuviera fuera de lugar, pensando en ello notó que el lugar de la chica nueva estaba vacío. Se había aprendido su nombre, Lili, fácil, se preguntó donde podría estar, aunque no recordaba haberla visto ese día, si es que siquiera algo antes de haber despertado. No era una chica muy sociable, se mantenía apartada del resto del grupo, no había cruzado una palabra con nadie, y no comía en la cafetería como los demás. La expresión de su rostro tampoco te invitaba a acercarte, su cara estaba deformada por un par de cicatrices, tenía una mancha grande y rojiza alrededor del ojo izquierdo, que era de color negro y un poco mas pequeño que el derecho de color celeste casi gris, con un tajo comenzando desde el extremo de su ceja y finalizando en su pómulo, su cabello era de un color negro tan opaco que parecía falso, apenas si tocaba sus hombros y estaba desmechado como si lo hubieran cortado rápido y sin ningún criterio. No pudo evitar pensar en el día en que casi se acerca a hablarle, cuando la vio sentada sola en una banca, fumando, quería ir y convidarla con algo de su almuerzo,  pero sus amigos lo llamaron justo antes, haciéndole perder todo el valor y la determinación que había retenido hasta el momento. 

La lección continuó durante 45 minutos, luego sonó el timbre del primer receso. 

-¡Ven Sun! Vamos a ir a la cafetería a comprar algo para comer- Su amigo le hizo señas desde la puerta, donde se habían aglomerado los alumnos, para que los acompañara a él y a los demás chicos de su grupo de amigos. 

-Tengo que ir al baño, ustedes adelántense, yo después los alcanzo-

-¿Estas seguro?- Insistió, ligeramente preocupado por lo de antes. 

-Si, no te preocupes, vayan-

-Okey, nos vemos al rato- Exclamó, mientras era arrastrado por la masa de adolescentes ansiosos por irse rápido de allí, antes de perder los valiosos 15 minutos de descanso.  

Su amigo Dess siempre era muy atento, y realmente agradecía lo amable que era por preocuparse por él e intentar integrarlo a todo lo que hacía, pero ahora mismo estaba mas preocupado por su compañero de clase, que jamás regresó del baño, que por la comida. Caminó por los pasillos observando disimuladamente alrededor, la sensación de malestar persistía, pero intentó ignorarla. Se encontró con el baño vacío, al menos a primera vista, pasando por cada cubículo comenzó a llamar a su compañero con una voz tímida, hasta llegar al ultimo, el cual se abrió de repente, Sun fue empujado dentro, y la puerta se volvió a cerrar instantáneamente. Intentó soltar un alarido de sorpresa, pero su compañero lo ahogó con la mano. 

-No grites, se van a dar cuenta- Susurró, apretando su cara, casi que enterrando los dedos en la mejilla del pobre pelirrojo. Este asintió, algo asustado, consiguiendo que le quitara la mano de encima. Cuando lo tuvo frente a frente pudo ver que su rostro estaba aun peor que antes. 

-¿Estas bien?- Dudó por un momento, parecía estúpido preguntar eso, viendo el estado en el que se encontraba. 

-¿Bien? ¡No estoy bien! ¡Claro que no estoy bien! ¡Nada aquí lo esta! ¿No lo ves? Todos fingen que toda esta mierda es normal, pero no es así, no soy estúpido- No pestañeaba al hablar, agitaba sus manos haciendo marcados ademanes, caminaba de un lado a otro por el pequeño cubículo sin que pudiera o pretendiera mantenerse quieto, el sudor corría por debajo de sus enormes gafas, las cuales resbalaban y cada tanto tenía que volver a acomodar. -No me crees ¿Verdad? Piensas que estoy loco- Sujetó a Sun por los hombros, y con una expresión descompuesta, rozando el desquicie, insistió. -Tu viste como te miraban, como me miraban, no estoy loco ¡No lo estoy!-

-No pienso que estés loco, pero tienes que calmarte, me estas lastimando- Sujetaba las manos de su contrario, que apretaban con demasiada fuerza. Cualquiera lo hubiera empujado lejos, le hubiera tachado de trastornado, cualquiera hubiera corrido lejos de aquel chico delirante, entonces ¿Por qué él le creía sin siquiera dudarlo? empatizaba mas con este compañero de errático e inusual comportamiento que con cualquiera de los otros, quizás porque en el fondo sabía que los dos sentían esa misma incomodidad, estresante y abrumadora. 

-Si me crees bien, entonces tenemos que escapar de aquí rápido- Echó sus manos hacia atrás y se las llevó a la cabeza, tratando de calmarse aunque fuera un poco. 

-¿Escapar?- Efectivamente le había escuchado, pero así y todo le resultaba algo exagerado ¿Escaparse de clase solo por una incomodidad? Claro que no quería estar allí, pero no era escusa para saltarse las clases y volver a casa ¿Qué le diría a su madre cuando la viera? Mantuvo un largo suspenso a raíz de su inseguridad,  quería irse pero no podía, o al menos no debía hacerlo. No pasó mucho tiempo antes de que alguien mas entrara al baño. Las voces y los pasos de dos estudiantes se dejaron escuchar al otro lado, conversaban casualmente, ingenuos a la presencia de sus contrarios, hasta que un golpe seco proveniente del ultimo cubículo los alertó.

-¿Hola?- Dio un par de golpecitos sobre la chapa de la puerta, queriendo confirmar si había alguien mas allí,  al no conseguir una respuesta inmediata, se volteó a mirar a su compañero y le hizo un gesto con la cabeza para que espiara por el espacio que había entre el suelo y la puerta. Este se agachó y alcanzó a distinguir por la rendija un solo par de zapatos. 

 -¿Esta todo bien ahí?- Esta vez llamó con mas ímpetu, y cuando su amigo le confirmó con otro gesto la presencia de un tercero, los golpes en la chapa se volvieron mas violentos y continuos, hasta llegar a agitar la puerta con la intención de abrirla a la fuerza.

-Está ocupado- Se escuchó por fin una tímida voz al otro lado, logrando apaciguar a los muchachos. 

-¿Estas bien? ¿Te sientes mal?- Cuestionaron con un tono creíble de preocupación, sin apartarse del cubículo. 

-No, estoy bien, gracias- Respondió Sun con el tono mas amable y calmado que pudo dar. 

-Okey, si te sientes mal, ve a la enfermería- Le aconsejaron y Sun volvió a darles las gracias. Comprobando que todo estaba bien, ambos dejaron en paz al chico y continuaron con sus asuntos. 

Dentro de aquel claustrofóbico espacio, el ya de por si estresado compañero de clases de Sun se había subido a la tapa del inodoro para ocultarse. Su paranoia servía esta vez casi como una premonición. Terminados sus asuntos allí, los dos chicos cuyas caras nunca llegaron a conocer se encaminaron a la puerta. Sun sujetó los brazos de su compañero para ayudarle a bajar del inodoro, su expresión ahora estaba completamente turbada, y murmuraba entre dientes, repitiendo las mismas cosas. 

-Voy a morir aquí, tengo que salir, no debería estar aquí, tengo que escapar- 

Sun intentaba calmarlo pero parecía completamente abstraído de todo, aunque buscara contacto visual, los ojos de su compañero ya no miraban nada en especifico. Entonces la puerta del baño se cerró de un golpe. Sun abrió lentamente la del cubículo y se asomó para hallar el lugar otra vez vacío, lo cual le dio un alivio que no duró mucho, pues cuando quiso comunicárselo al chico de lentes con la esperanza de que eso aplacara un poco su nerviosismo, el mismo salió corriendo de allí, sin previo aviso. Sun corrió tras él, pero ya le había sacado una buena ventaja, tuvo que detenerse pues al perderle la pista no sabía realmente hacia donde ir, además había captado algunas miradas ajenas y la incomodidad en su pecho comenzaba a crecer hasta sofocarlo.

Antes de llegar a las escaleras, la huida del chico de lentes se vio interrumpida al pecharse de frente con un profesor, que justo salía de una de sus clases, se tropezó y calló al piso de rodillas. 

-No se puede correr en los pasillos- No llegó a ser un regaño, tenía un semblante estoico pero no demasiado rígido, aquel profesor que jamás había visto en su vida. 

-No, no esta bien, tengo que salir, rápido, tengo que salir- Demasiado ensimismado para importarle, azotó lejos la mano que le ofrecía ayuda para levantarse. Las uñas de sus dedos arañaban la baldosa, y las gotas de sudor comenzaban a caer por su barbilla hasta su ropa, se levantó por si mismo, apoyándose primero de sus brazos, dio unos primeros torpes pasos hacia adelante, por poco y se vuelve a caer, hasta que logró enderezarse y continuar la carrera. 

El profesor le observó marchar, sin reaccionar, con el rostro completamente inexpresivo. Y unos pocos segundos después comenzó a caminar, a paso tranquilo, en la misma dirección. 

Bajó las escaleras de forma torpe y apresurada, sujetándose del barandal para no caerse, consiguió llegar a la planta baja y salir al jardín principal. Sin detenerse corrió hasta literalmente chocar su cuerpo contra el portón de la entrada, para su desgracia estaba cerrado.

Sus gritos desesperados de auxilio se desvanecían al otro lado, su brazo estirado se agitaba entre los barrotes, abría y cerraba su mano como si quisiera alcanzar algo, pero no había nada, las calles estaban vacías, deshabitadas, nadie escuchaba sus gritos, nadie vendría a ayudarle, no existía otro ruido aparte de los que su cuerpo generaba, sus lamentos y el rechinido de la reja, el silencio al otro lado era algo siniestro y desesperanzador, su rostro se aplastaba entre las barras de hierro negro, las lagrimas aparecieron al verse completamente atrapado, no podría llegar al exterior fácilmente, aun se encontraba allí. La angustia y la locura lo consumieron, sus gritos taparon los pasos del profesor, el estado de crisis mental no le permitió notar aquella presencia hasta que fue demasiado tarde. El hombre, considerablemente mas alto, con mas musculatura y mucho mas fuerte que el flacucho adolescente, le sujetó los brazos a la espalda sin demasiado esfuerzo, lo inmovilizó y alejó de la reja. 

-Basta de gritos, tienes que estar callado ¿No quieres armar un escándalo verdad?- El estado tan apacible y centrado con el que hablaba, hacía un bizarro contraste con el del estudiante, que se retorcía y gritaba esquizofrénicamente, pidiendo que lo dejara ir.

Entonces un segundo estudiante se acercó a ellos, parecía pertenecer a la clase de ese profesor, pero llevaba un uniforme diferente al del chico de gafas.

-Profesor ¿Necesita ayuda?- 

-Si por favor, si no te importa- Suspiró, un poco agobiado por la situación pero a la vez agradecido de ver a su estudiante. 

-Los vi desde lejos- Comentó con un semblante tranquilo y gentil, su voz suave se perdía bajo los gritos desesperados del problemático compañero de gafas. Un cutter se asomó por su bolsillo. 

No supo en que momento la delgada hoja se hundió en su estomago, sus alaridos se detuvieron, observó el rostro imperturbable de aquel chico que lo apuñalaba sin piedad, metiendo y sacando el filo de su cuerpo con movimientos rápidos y cortos, dejando varios agujeros. No pudo llegar a reaccionar, siquiera entender lo que había pasado, el ultimo pensamiento que se cruzó por su cabeza fue sobre el olor a shampoo que se desprendía del cabello de aquel chico, estaba tan cerca que podía olerlo bien. 

Ya no hubieron forcejeos, ni ningún otro movimiento, el profesor soltó sus brazos y el cuerpo cayó desplomado al piso como si fuera una bolsa de basura, una alfombra roja de sangre se expandió lentamente por debajo. 

-Cuéntame como te fue en la prueba ¿Te sirvieron las tutorías?-

-No fue tan difícil -

-Por supuesto- Rió el hombre, mientras ayudaba a su alumno a quitarse la chaqueta manchada de sangre, y se alejaron caminando sin prisas, charlaban de manera muy casual, desentendiéndose del cadáver que dejaron atrás. 

En la segunda planta de la escuela se encontraba el laboratorio de química, cuyas ventanas daban al jardín principal, justamente quedaba de cara al portón de la entrada, la tranca de la puerta se había roto hace poco, por lo que siempre estaba abierto, la mayoría de sus ventanas estaban cubiertas por cortinas, así que era un lugar bastante oscuro, y amplio. Las manos de Sun temblaban, aferradas a su cabeza, intentando cubrir sus oídos, solo, en un pequeño rincón junto a la ventana, su cuerpo se encogía de pavor, con las piernas flexionadas, pegadas a su pecho, sus ojos se mantenían abiertos en total estupor, perturbados por lo que acababan de presenciar. Su cabeza no entendía, no quería creer que lo que vio fuera real, se negaba a creerlo. 

Unos pasos se acercaron a él en la penumbra, atravesando el salón, y se detuvieron justo en frente, obligándole a alzar la mirada. 

-¿Lili?-