martes, 23 de marzo de 2021

La Caja del Caos Capitulo 1

 

Capítulo 1- No se corre en los pasillos.


El orden es una ilusión, el caos lo es todo. 

El pequeño golpeteo del reloj sonó primero, como un anticipo, en lo mas calmo de su inconsciente y aun soñando, justo antes de despertar. 

Se detuvo súbitamente, golpeando todo su cuerpo hacia arriba. Fue un despertar abrupto y nervioso, como si acabara de salir de una pesadilla, aquel sobresalto lo había dejado parado en medio de la clase. En apenas unos segundos sintió todos aquellos ojos sobre él, y a la fuerza tuvo que entender, poniendo aparte su confusión inicial, preso de aquel silencio terminal y las miles de miradas que se hundían profundo en su delgado cuerpo, sofocándolo lentamente, punzando sobre su pecho hasta la base de su garganta como si una fuerza invisible le estuviera estrangulando, se había quedado dormido durante la clase, en algún momento, aunque no recordaba exactamente cuando. La sangre comenzaba a agolparse en su rostro y el sudor frío a descender desde su frente, por la incomodidad que se palpaba dentro de aquel salón, cuando su amigo se inclinó hacia él para sujetar un extremo de su manga y cinchar con un poco de fuerza hacia abajo, ayudando a que volviera a sentarse. 

-Amigo ¿Estas bien?- Susurró, a un muy nervioso joven que apenas podía moverse del pánico. Lo único que pudo hacer para responder fue asentir con la cabeza.  

Los rostros inexpresivos se mantuvieron un corto, pero tortuoso, tiempo mas sobre él, hasta que otro sonido logró robarse la indeseada atención de la clase. Unos lugares mas adelante del suyo, un compañero había roto a mordidas un lápiz, sus piernas temblaban de forma obsesiva e ininterrumpida bajo el asiento, al igual que su mano, con un dedo daba golpecitos continuos contra la mesa, y jadeaba al respirar.  

Cuando los ojos lo volvieron el objetivo ya no pudo aguantar mas aquella presión que venía acumulando. 

-Necesito ir al baño- Casi que gritó, al tiempo que alzaba la mano para que el profesor lo notara.

-¿No puedes esperar? Acaba de comenzar la clase- Le respondió este. Se encontraba parado frente al pizarrón vacío, en una mano cargaba un libro de texto y en la otra un pedazo de tiza. 

-Enserio necesito ir al baño ahora- Su voz, como el resto de su cuerpo se estremecía de agonía y desesperación, al punto que parecía quebrarse en las ultimas palabras. 

-Bien, ve. Pero vuelve rápido-

Antes que el profesor le pusiera punto a la oración, su alumno ya había salido corriendo del salón, sin más, despavorido, como si algo lo persiguiera. Los demás compañeros le siguieron con la mirada hasta perderle de vista por completo. En cuanto el profesor comenzó a escribir en la pizarra todos volvieron su atención a este, rompiendo por fin aquella extraña tensión. Todo volvía a estar en su lugar, a ser como debería ser, todo estaba correctamente bien, aunque no para todos, el delgado y pálido pelirrojo que acababa de despertarse de la forma mas horrible, aun sentía cierta incomodidad dentro de él, algo no terminaba de cuadrar y por mas que lo intentara no lograba sentirse tranquilo. Era un día más, como cualquier otro, los mismos compañeros, el mismo profesor, la misma clase, todo se veía normal. Entonces por que su estomago se retorcía como una serpiente, enredándose con su propio cuerpo hasta convertirse en un apretado nudo. 

Todo se veía normal, pero no se sentía así.

Paseó los ojos por la clase, quizás en busca de aquello que le incomodaba, cualquier cosa que estuviera fuera de lugar, pensando en ello notó que el lugar de la chica nueva estaba vacío. Se había aprendido su nombre, Lili, fácil, se preguntó donde podría estar, aunque no recordaba haberla visto ese día, si es que siquiera algo antes de haber despertado. No era una chica muy sociable, se mantenía apartada del resto del grupo, no había cruzado una palabra con nadie, y no comía en la cafetería como los demás. La expresión de su rostro tampoco te invitaba a acercarte, su cara estaba deformada por un par de cicatrices, tenía una mancha grande y rojiza alrededor del ojo izquierdo, que era de color negro y un poco mas pequeño que el derecho de color celeste casi gris, con un tajo comenzando desde el extremo de su ceja y finalizando en su pómulo, su cabello era de un color negro tan opaco que parecía falso, apenas si tocaba sus hombros y estaba desmechado como si lo hubieran cortado rápido y sin ningún criterio. No pudo evitar pensar en el día en que casi se acerca a hablarle, cuando la vio sentada sola en una banca, fumando, quería ir y convidarla con algo de su almuerzo,  pero sus amigos lo llamaron justo antes, haciéndole perder todo el valor y la determinación que había retenido hasta el momento. 

La lección continuó durante 45 minutos, luego sonó el timbre del primer receso. 

-¡Ven Sun! Vamos a ir a la cafetería a comprar algo para comer- Su amigo le hizo señas desde la puerta, donde se habían aglomerado los alumnos, para que los acompañara a él y a los demás chicos de su grupo de amigos. 

-Tengo que ir al baño, ustedes adelántense, yo después los alcanzo-

-¿Estas seguro?- Insistió, ligeramente preocupado por lo de antes. 

-Si, no te preocupes, vayan-

-Okey, nos vemos al rato- Exclamó, mientras era arrastrado por la masa de adolescentes ansiosos por irse rápido de allí, antes de perder los valiosos 15 minutos de descanso.  

Su amigo Dess siempre era muy atento, y realmente agradecía lo amable que era por preocuparse por él e intentar integrarlo a todo lo que hacía, pero ahora mismo estaba mas preocupado por su compañero de clase, que jamás regresó del baño, que por la comida. Caminó por los pasillos observando disimuladamente alrededor, la sensación de malestar persistía, pero intentó ignorarla. Se encontró con el baño vacío, al menos a primera vista, pasando por cada cubículo comenzó a llamar a su compañero con una voz tímida, hasta llegar al ultimo, el cual se abrió de repente, Sun fue empujado dentro, y la puerta se volvió a cerrar instantáneamente. Intentó soltar un alarido de sorpresa, pero su compañero lo ahogó con la mano. 

-No grites, se van a dar cuenta- Susurró, apretando su cara, casi que enterrando los dedos en la mejilla del pobre pelirrojo. Este asintió, algo asustado, consiguiendo que le quitara la mano de encima. Cuando lo tuvo frente a frente pudo ver que su rostro estaba aun peor que antes. 

-¿Estas bien?- Dudó por un momento, parecía estúpido preguntar eso, viendo el estado en el que se encontraba. 

-¿Bien? ¡No estoy bien! ¡Claro que no estoy bien! ¡Nada aquí lo esta! ¿No lo ves? Todos fingen que toda esta mierda es normal, pero no es así, no soy estúpido- No pestañeaba al hablar, agitaba sus manos haciendo marcados ademanes, caminaba de un lado a otro por el pequeño cubículo sin que pudiera o pretendiera mantenerse quieto, el sudor corría por debajo de sus enormes gafas, las cuales resbalaban y cada tanto tenía que volver a acomodar. -No me crees ¿Verdad? Piensas que estoy loco- Sujetó a Sun por los hombros, y con una expresión descompuesta, rozando el desquicie, insistió. -Tu viste como te miraban, como me miraban, no estoy loco ¡No lo estoy!-

-No pienso que estés loco, pero tienes que calmarte, me estas lastimando- Sujetaba las manos de su contrario, que apretaban con demasiada fuerza. Cualquiera lo hubiera empujado lejos, le hubiera tachado de trastornado, cualquiera hubiera corrido lejos de aquel chico delirante, entonces ¿Por qué él le creía sin siquiera dudarlo? empatizaba mas con este compañero de errático e inusual comportamiento que con cualquiera de los otros, quizás porque en el fondo sabía que los dos sentían esa misma incomodidad, estresante y abrumadora. 

-Si me crees bien, entonces tenemos que escapar de aquí rápido- Echó sus manos hacia atrás y se las llevó a la cabeza, tratando de calmarse aunque fuera un poco. 

-¿Escapar?- Efectivamente le había escuchado, pero así y todo le resultaba algo exagerado ¿Escaparse de clase solo por una incomodidad? Claro que no quería estar allí, pero no era escusa para saltarse las clases y volver a casa ¿Qué le diría a su madre cuando la viera? Mantuvo un largo suspenso a raíz de su inseguridad,  quería irse pero no podía, o al menos no debía hacerlo. No pasó mucho tiempo antes de que alguien mas entrara al baño. Las voces y los pasos de dos estudiantes se dejaron escuchar al otro lado, conversaban casualmente, ingenuos a la presencia de sus contrarios, hasta que un golpe seco proveniente del ultimo cubículo los alertó.

-¿Hola?- Dio un par de golpecitos sobre la chapa de la puerta, queriendo confirmar si había alguien mas allí,  al no conseguir una respuesta inmediata, se volteó a mirar a su compañero y le hizo un gesto con la cabeza para que espiara por el espacio que había entre el suelo y la puerta. Este se agachó y alcanzó a distinguir por la rendija un solo par de zapatos. 

 -¿Esta todo bien ahí?- Esta vez llamó con mas ímpetu, y cuando su amigo le confirmó con otro gesto la presencia de un tercero, los golpes en la chapa se volvieron mas violentos y continuos, hasta llegar a agitar la puerta con la intención de abrirla a la fuerza.

-Está ocupado- Se escuchó por fin una tímida voz al otro lado, logrando apaciguar a los muchachos. 

-¿Estas bien? ¿Te sientes mal?- Cuestionaron con un tono creíble de preocupación, sin apartarse del cubículo. 

-No, estoy bien, gracias- Respondió Sun con el tono mas amable y calmado que pudo dar. 

-Okey, si te sientes mal, ve a la enfermería- Le aconsejaron y Sun volvió a darles las gracias. Comprobando que todo estaba bien, ambos dejaron en paz al chico y continuaron con sus asuntos. 

Dentro de aquel claustrofóbico espacio, el ya de por si estresado compañero de clases de Sun se había subido a la tapa del inodoro para ocultarse. Su paranoia servía esta vez casi como una premonición. Terminados sus asuntos allí, los dos chicos cuyas caras nunca llegaron a conocer se encaminaron a la puerta. Sun sujetó los brazos de su compañero para ayudarle a bajar del inodoro, su expresión ahora estaba completamente turbada, y murmuraba entre dientes, repitiendo las mismas cosas. 

-Voy a morir aquí, tengo que salir, no debería estar aquí, tengo que escapar- 

Sun intentaba calmarlo pero parecía completamente abstraído de todo, aunque buscara contacto visual, los ojos de su compañero ya no miraban nada en especifico. Entonces la puerta del baño se cerró de un golpe. Sun abrió lentamente la del cubículo y se asomó para hallar el lugar otra vez vacío, lo cual le dio un alivio que no duró mucho, pues cuando quiso comunicárselo al chico de lentes con la esperanza de que eso aplacara un poco su nerviosismo, el mismo salió corriendo de allí, sin previo aviso. Sun corrió tras él, pero ya le había sacado una buena ventaja, tuvo que detenerse pues al perderle la pista no sabía realmente hacia donde ir, además había captado algunas miradas ajenas y la incomodidad en su pecho comenzaba a crecer hasta sofocarlo.

Antes de llegar a las escaleras, la huida del chico de lentes se vio interrumpida al pecharse de frente con un profesor, que justo salía de una de sus clases, se tropezó y calló al piso de rodillas. 

-No se puede correr en los pasillos- No llegó a ser un regaño, tenía un semblante estoico pero no demasiado rígido, aquel profesor que jamás había visto en su vida. 

-No, no esta bien, tengo que salir, rápido, tengo que salir- Demasiado ensimismado para importarle, azotó lejos la mano que le ofrecía ayuda para levantarse. Las uñas de sus dedos arañaban la baldosa, y las gotas de sudor comenzaban a caer por su barbilla hasta su ropa, se levantó por si mismo, apoyándose primero de sus brazos, dio unos primeros torpes pasos hacia adelante, por poco y se vuelve a caer, hasta que logró enderezarse y continuar la carrera. 

El profesor le observó marchar, sin reaccionar, con el rostro completamente inexpresivo. Y unos pocos segundos después comenzó a caminar, a paso tranquilo, en la misma dirección. 

Bajó las escaleras de forma torpe y apresurada, sujetándose del barandal para no caerse, consiguió llegar a la planta baja y salir al jardín principal. Sin detenerse corrió hasta literalmente chocar su cuerpo contra el portón de la entrada, para su desgracia estaba cerrado.

Sus gritos desesperados de auxilio se desvanecían al otro lado, su brazo estirado se agitaba entre los barrotes, abría y cerraba su mano como si quisiera alcanzar algo, pero no había nada, las calles estaban vacías, deshabitadas, nadie escuchaba sus gritos, nadie vendría a ayudarle, no existía otro ruido aparte de los que su cuerpo generaba, sus lamentos y el rechinido de la reja, el silencio al otro lado era algo siniestro y desesperanzador, su rostro se aplastaba entre las barras de hierro negro, las lagrimas aparecieron al verse completamente atrapado, no podría llegar al exterior fácilmente, aun se encontraba allí. La angustia y la locura lo consumieron, sus gritos taparon los pasos del profesor, el estado de crisis mental no le permitió notar aquella presencia hasta que fue demasiado tarde. El hombre, considerablemente mas alto, con mas musculatura y mucho mas fuerte que el flacucho adolescente, le sujetó los brazos a la espalda sin demasiado esfuerzo, lo inmovilizó y alejó de la reja. 

-Basta de gritos, tienes que estar callado ¿No quieres armar un escándalo verdad?- El estado tan apacible y centrado con el que hablaba, hacía un bizarro contraste con el del estudiante, que se retorcía y gritaba esquizofrénicamente, pidiendo que lo dejara ir.

Entonces un segundo estudiante se acercó a ellos, parecía pertenecer a la clase de ese profesor, pero llevaba un uniforme diferente al del chico de gafas.

-Profesor ¿Necesita ayuda?- 

-Si por favor, si no te importa- Suspiró, un poco agobiado por la situación pero a la vez agradecido de ver a su estudiante. 

-Los vi desde lejos- Comentó con un semblante tranquilo y gentil, su voz suave se perdía bajo los gritos desesperados del problemático compañero de gafas. Un cutter se asomó por su bolsillo. 

No supo en que momento la delgada hoja se hundió en su estomago, sus alaridos se detuvieron, observó el rostro imperturbable de aquel chico que lo apuñalaba sin piedad, metiendo y sacando el filo de su cuerpo con movimientos rápidos y cortos, dejando varios agujeros. No pudo llegar a reaccionar, siquiera entender lo que había pasado, el ultimo pensamiento que se cruzó por su cabeza fue sobre el olor a shampoo que se desprendía del cabello de aquel chico, estaba tan cerca que podía olerlo bien. 

Ya no hubieron forcejeos, ni ningún otro movimiento, el profesor soltó sus brazos y el cuerpo cayó desplomado al piso como si fuera una bolsa de basura, una alfombra roja de sangre se expandió lentamente por debajo. 

-Cuéntame como te fue en la prueba ¿Te sirvieron las tutorías?-

-No fue tan difícil -

-Por supuesto- Rió el hombre, mientras ayudaba a su alumno a quitarse la chaqueta manchada de sangre, y se alejaron caminando sin prisas, charlaban de manera muy casual, desentendiéndose del cadáver que dejaron atrás. 

En la segunda planta de la escuela se encontraba el laboratorio de química, cuyas ventanas daban al jardín principal, justamente quedaba de cara al portón de la entrada, la tranca de la puerta se había roto hace poco, por lo que siempre estaba abierto, la mayoría de sus ventanas estaban cubiertas por cortinas, así que era un lugar bastante oscuro, y amplio. Las manos de Sun temblaban, aferradas a su cabeza, intentando cubrir sus oídos, solo, en un pequeño rincón junto a la ventana, su cuerpo se encogía de pavor, con las piernas flexionadas, pegadas a su pecho, sus ojos se mantenían abiertos en total estupor, perturbados por lo que acababan de presenciar. Su cabeza no entendía, no quería creer que lo que vio fuera real, se negaba a creerlo. 

Unos pasos se acercaron a él en la penumbra, atravesando el salón, y se detuvieron justo en frente, obligándole a alzar la mirada. 

-¿Lili?- 



lunes, 8 de marzo de 2021

Airha

 

El Ángel del Final de los Tiempos


Recuerdo una de mis vidas, antes de la tercera humanidad, cuando llegué a esta tierra por primera vez todo me parecía tan extraño y hermoso. 

Fue un día de lluvia. Del cielo que bordeaba mi hogar, bajó un ángel. Solo tenía un ala, pero sus ojos atrapaban infinidad de colores, y estos colores se movían en sus pupilas como una aurora boreal. Las gotas de lluvia permanecían estáticas, suspendidas alrededor de su pálido cuerpo, pensé inocentemente que el ángel podía controlar la lluvia, pero solo estaba deteniendo el tiempo, lo manipulaba como hilos de seda entre sus dedos. -¿Cual es tu nombre?- Le cuestioné al ángel, pero negó. Su voz era solo silencio, su nombre no podía ser pronunciado. Acogí al ángel en mi hogar y lo llamé "Airha" que en la lengua antigua significa; "Una sola ala" . Las lunas cambiaban, y las estaciones pasaban mientras Airha y yo vivíamos los dos solos en aquella cabaña en medio de la nada. El tiempo que pasamos juntos son los recuerdos que mas atesoré durante el resto de mi vida.

Mientras recolectaba flores del jardín, me di cuenta que los ojos de Airha tenían mas colores de los que podía nombrar, cubrí su cuerpo de flores, pero los colores de las flores no se parecían al color de sus ojos. Jugamos en el campo hasta que la noche nos abrazó. Nos quedamos mirando las estrellas un buen rato recostados sobre la tierna hierba. -Tus ojos, se parecen un poco al cielo- Mencioné, señalando las millones de estrellas que decoraban la esfera nocturna, supe entonces que los colores en los ojos de ese ángel eran los que había en el universo, mas allá de la tierra que nuestros pies pisaban, un lugar que aun extendiendo mis brazos, mis manos jamás podrían alcanzar. A él no le importaba el color de sus ojos, cuando quise darme cuenta, lo encontré absorto en la existencia de un pequeño Sanantonio que caminaba por su palma. Airha veía la belleza en la criatura mas pequeña, y se cautivaba por lo que estaba frente a él, lo que podía caber en su mano. Apreciaba mas que nadie lo que ya tenía, en vez de buscar desesperada y angustiosamente lo que no.


Las cosas son efímeras, y se van. Si nos pasamos toda la vida anhelando la eternidad, las cosas hermosas desaparecerán sin que podamos disfrutarlas. 

A veces creo escuchar una voz muy dulce, susurrando entre mis sueños. 


Las cosas hermosas son efímeras, igual que nuestro tiempo juntos.

La ultima noche que pasé con él es la que mas retengo celosamente en mis memorias. Me enseñó un pedazo de luz, un regalo para mi, y la colocó en el cuenco vacío y oscuro de mi ojo. Porque, como Airha cargaba en su espalda una sola ala, yo había nacido con un solo ojo. Cuando cerraba mis parpados podía ver el universo, podía ver las constelaciones, todos los sistemas solares y todas las galaxias, pero solo con los ojos cerrados.

Lo que esta mas allá de tu alcance puede ser seductor y cautivante, pero también debes ver el mundo que te rodea, aunque a veces este mundo no te sea tan grato.

Me dio un beso, y acarició mi cabello gentilmente hasta que me quedé dormido, temiendo que ese sería el primer y ultimo beso, casi como una premonición. Y a la mañana siguiente cuando desperté Airha ya no estaba.




Cuando mi rostro fue iluminado por las primeras luces de la mañana los hombres llegaron, me llevaron con ellos y me encerraron en una prisión subterránea de hierro y tierra, me encadenaron en aquel lugar, que se había tragado cualquier ápice de luz, y me mantuvieron allí tanto tiempo como pudieron. No hui, no me resistí, lo acepté como un castigo, que arrebataran mi libertad. La culpa y el remordimiento por lo que aun no había hecho fueron mis verdaderas cadenas.
Pero cuando el momento llegó, el ángel de negras alas me despojó de mis ataduras, aunque nunca volví a ser libre. Mis ojos tomaron el color de la sangre que vertería sobre este suelo, ascendí desde la profundidad de mi fosa para esparcir el caos, la muerte y la destrucción sobre la humanidad.


El mundo ardió, y ardió en las llamas de sus propios pecados, el fuego lo consumió todo y Airha tuvo que mirar como lo que una vez amó se convertía en cenizas bajo sus pies. -¿Por qué haces esto? ¿Por qué le haces daño a lo que tu mas amas?- Le cuestioné. 

Porque todo lo que tiene un principio esta destinado a tener un fin, y yo soy ese fin.

-¿Entonces tu también desaparecerás después de que hayas cumplido con tu cometido?-. Airha sonrió con pena ante aquella pregunta y en secreto dejó que una lágrima roja se soltara de sus ojos, aquellos que antes poseían los colores del universo.

Mientras esté en tu corazón mi alma no encontrará descanso, ni tampoco final.

 Susurró entre mis sueños, con la voz que nunca tuvo y se dejó consumir en sus propias llamas, para darle fin a todo ese sufrimiento, para darle una segunda oportunidad a la humanidad.
Cuando Airha abandonó este mundo sentí como si el tiempo se detuviera por un segundo, y aunque fuera doloroso jamás pude dejar ir su recuerdo y jamás deseé hacerlo. ¿Por qué habremos de anhelar la eternidad cuando la belleza que hay a nuestro alrededor es efímera como la vida?

Algunas noches, en las que la soledad me invade, cierro los ojos para ver el universo y sus miles de estrellas, para poder ver los ojos de Airha. 

miércoles, 3 de febrero de 2021

El Llanto de la Mariposa

 

El Llanto de la Mariposa



  Tierna infancia, memorias lejanas, pasajeros de mis sueños, aun se mantiene fresca esa tarde cuando conocí los ojos del gato negro. Gustaba escabullirme de la guardia de mis padres y adentrarme en el jardín vecino, sus flores eran mi encanto eterno, de delicadas fragancias desprendiendo de sus pétalos los colores mas efímeros, mas bellos. El trinar de las aves se mezclaba con la brisa meciendo la copa de los arboles, crujiendo sus hojas que por afán dormían, se acariciaban unas a otras, escurriendo la luz del sol entre sus ranuras. Un día como cualquier otro, escapando hacia el jardín, descubrí al gato negro, por sus afilados ojos y su cabello revuelto. Se entretenía a juego cruel con una indefensa mariposa, aplastando sus alas, agitándola entre sus garras, no era consiente de su sádica piel o quizás siquiera le importaba. Sentí la agónica pena de la mariposa, y su tortura se convirtió en la mía. Le rogué que se detuviera, que dejara de hacer lo que tan fría, insensiblemente hacía. Y el gato me cuestionó -¿Por qué?- Con soberbia y apatía. Sus ojos, al filo de una daga, atravesaban los míos. Presa mantenía la criatura tan pura, mal herida, en la jaula de sus dedos, que resentido retenía. -El dolor del que tu la haces, hoy la herida se vuelve mía.- Señalándole el alma en pena, pensando así que entendería. Desconfiado su corazón, preguntó como sabría. Has con tu fe envenenada cántaros de agua limpia, si no crees en mis palabras cierra los ojos y mira. Hincándome sobre su sombra me convertí en la jaula viva, mas de piedades gentiles la jaula cual pedestal la erguía, a la criatura inocente que a los cielos aun respira. -Escucha con cuidado- Y con cuidado de no herirla, junto al oído del gato arrimé a la cría de la primavera. Pero el gato renegaba pues el silencio consumía su paciencia y su confusión, porque sus llantos no oía. -Las mariposas siempre lloran en el silencio de su agonía pero aunque tu corazón no escuche no has de arrancarles la vida- Me incorporé y enaltecí la felicidad que aun dormía, liberándola de su claustro, su martirio y su letargo. Floreciendo entre mis manos su gloria nacía, batiendo sus pequeñas alas multicolores se desprendió al vuelo a vivir su ultimo tercer día, lejos, muy lejos de todo mal, de toda noche oscura, peligro y desventura. ¡Oh gato negro! ¿Has padecido tal amargura? Mirando con asombro como tu victima escapa y te has quedado solo, sin amor, sin nada. -¿Creerías en mis palabras si te contara cuanto lo lamento?- Con la cabeza gacha su rota mirada escurría tan real remordimiento. Sujeté su mano y sonreí, aunque nunca le ofrecí perdón, en su lugar te daré mi amistad para curar la cicatriz que arde en tu interior, que infecta tu virtud, te haré mirar mas allá, de la superficie, de lo que los humanos se limitan a ver. -¿Acaso quieres ser mi amigo después de lo que me has presenciado hacer?- Noté tristeza y desolación de la pregunta que me planteaba ¿Por qué necesitamos tanto el perdón, mas que un simple beso, mas que la confianza? Pero tu crimen no sanará solo con algunas palabras. Tu te negaste tu propio perdón y ante eso yo no puedo reparar nada. Serás bueno al vislumbrar del mundo las bellas y maravillosas cosas que aquel ocultaba, con recelo de nosotros, sus milagros, sus tesoros. Serás bueno porque dentro de ti habré plantado una semilla que con el tiempo nacerá y si dejas que esta crezca florecerá de bondad. Aquel día en que nuestros hilos se cruzaron para enredarse lentamente entre nuestros cuerpos, el gato negro sonrió, enamorado de la amistad que actualmente nos unía. Entrelacé su mano a la mía, hilos rojos que brillaban, atados a nuestros dedos permanecieron hasta el día de hoy.

Pero cuando los hilos aprietan con tanta fuerza también nos pueden lastimar.

-¿Jude? ¿Me estas escuchando?- Llamó Luca mi atención. La verdad era que no lo estaba escuchando del todo, pues las sombras que se movían sobre el cristal de la ventana me distraían un poco de mi entorno.

-Perdón- Sonreí apenado. Aun podía reconocer una descortesía de mi parte.

-¿Tienes la cabeza en las nubes de nuevo?- Sonrió también con gentil expresión, apoyó su mano sobre mi cabeza y comenzó a frotar mi cabello, aquello me hacía cosquillas, no pude evitar soltar una estruendosa carcajada.

Mientras Luca me miraba con ternura, las demás personas a nuestro alrededor lo hacían con desagrado.

-¿Que le pasa? ¿No puede reírse como una persona normal?-

-Que asco me da-

-Es tan incomodo estar cerca de él-

Murmuraban entre ellas, unas compañeras de clase, sin disimulo, ni compasión. Guarde silencio de inmediato, resultó obvio que molestaba a los demás con mi sonora y poco agraciada risa. Luca dejó de acariciar mi cabeza y su expresión volvió a tornarse seria.

-Jude. Hoy voy a pasar la tarde en jardinería ¿Vas a estar bien solo?- Preguntó con cierta preocupación en el tono. Cuando se trataba de mi, Luca podía llegar a ser bastante sobreprotector.

-Si, si- Asentí varias veces con la cabeza para enfatizar mi seguridad y calmar su preocupación.

-Si no, cualquier cosa voy a estar alrededor del invernadero ¿Esta bien? Puedes ir a verme si quieres-

-El invernadero, si- Volví a asentir rascando mi ojo con la palma de la mano. Estaba un poco somnoliento ese día, la noche anterior me había pasado de mi hora de dormir por quedarme recontando las piezas de todos mis rompecabezas.

Al finalizar la hora del almuerzo Luca se despidió de mi no sin antes repetirme un par de veces donde iba a estar y que podía ir a visitarlo por cualquier cosa, él siempre era así. Se fue con una expresión un tanto descontenta pero solo era porque no le gustaba dejarme solo. Siempre estábamos juntos. Luca era mi mejor amigo, mi único amigo.

Cuando me encontré solo decidí que sería bueno aprovechar el tiempo y hacer algo productivo antes de mi siguiente clase. Tomé mi cuaderno de apuntes y fui a mi lugar favorito para estudiar; un hueco lo suficientemente grande como para dos o tres personas bajo las escaleras que daban al tercer piso.

-Ey ¿Qué haces ahí?-

Estaba muy tranquilo, a gusto leyendo bajo las escaleras, hasta que fui sorprendido por Bruno, otro compañero de clase, uno que no se llevaba muy bien con Luca. Le había apodado "Chacal" por sus ojos oscuros y rasgados, su mirada carroñera, su figura delgada y sus grandes colmillos blancos resaltando dentro de su ancha boca.

Lo observé sin respondele como una presa paralizada por el miedo.

-Te estaba buscando, los chicos y yo vamos a saltarnos las clases e ir al viejo galpón a hacer cosas divertidas ¿Quieres venir a jugar con nosotros?-

-¿Jugar?- Cuestioné confuso.

-Si, será divertido, jugaremos juntos ¿Quieres venir?- Extendió su mano hacia mi, y por alguna razón no conseguí rechazarlo.

Y el chacal sonreía mientras arrastraba a su presa dentro de las profundidades de su madriguera.


Detesto a las otras personas, todos son tan solo un puñado de hipócritas, mentirosos, egoístas, traicioneros, manipuladores, interesados, superfluos, idiotas, una total perdida de mi tiempo. Pero Jude es diferente, es completamente diferente a ellos. Todos los demás deberían simplemente morirse.

Aquel pensamiento recurrente debo mantener en secreto, por Jude, para poder permanecer juntos para siempre. Llevo una mascara pegada al rostro, soy una buena persona, me llevo bien con quienes me rodean, y mis anormales pensamientos se mantienen en silencio, ocultos tras esa mascara.

No podría soportar a esta gente de mierda, ni esta vida de mierda, no sin él. La única pura e inocente flor rodeada de malezas en este enrome y putrefacto jardín. Concluía mientras rociaba con agua una tierna rosa blanca que yo mismo había cultivado.

Aun sin terminar de entender lo que es el amor, se que eso es lo que debo sentir por Jude. Era inevitable, en cuanto mis ojos se cruzaron con los suyos lo sentí. Fue algo abrumador, placentero y doloroso, que obligó a memorizarme cada centímetro de su cuerpo; Cada uno de sus rojizos cabellos rubios, alborotados, cada una de las pecas que adornaban su rostro, enmarcando aquel par de ojos, grandes e inocentes ojos verdes, parecían ver a través de tu alma, su cuerpo delgado, sus suaves curvas que he tenido el privilegio de presenciar sin una prenda de ropa encima cada vez que compartíamos un baño, cada detalle de su hermoso cuerpo me pertenece porque lo he hecho prisionero de mis ojos. Pero los demás están ciegos, no pueden ver mas allá de la superficie, porque son idiotas. Ellos no pueden ver lo que yo veo, y por eso lo rechazan. Estúpidos. Bueno, por mi mejor, así Jude será solo para mi.

Ansío nuestro primer beso, lo sueño y fantaseo aun despierto. Quería dárselo como un regalo especial para su cumpleaños numero 18, ahora solo falta un año, pero la espera se he vuelto insoportable. Cuando me sonríe, cuando me abraza con fuerza, cuando me dice cuanto me quiere mi corazón se estremece y siento que podría hacer cualquier cosa por él.  


Las personas rompen cosas por diversión, les gusta ver el sufrimiento en otros seres vivos, hasta en sus semejantes, les provoca placer. Nunca pude entender eso, quizás por eso le desagrado a los demás.

-¡Miren muchachos quien vino a jugar!-

Contemplé a los chacales, allí estaban, reunidos en la madriguera, felices por haber atrapado a su presa. Sus ojos brillaban en las sombras, con malicia, enseñando sus afiladas sonrisas, listos para devorar.

Lo que pasó después en aquel viejo galpón abandonado, es una historia triste de contar, si quieren no tienen que escucharla, pero se que lo harán de todas formas. Lo se, la escucharán, y se mantendrán observando los horrores que su mente recreará, pero siquiera pensaran en ayudarme, lo se, no van a hacer nada, no pueden. Se han convertido en simples espectadores, contemplando indiferentes las miserias mas grandes de la humanidad. 

Desgarraron mi ropa, dejándome expuesto ante sus fauces hambrientas. Los chacales adoran desgarrar la carne de sus presas con los dientes.

La forma en que torturaron mi cuerpo, la forma en que lo violaron una y otra vez, mis mismos compañeros, mis semejantes. Trataban con tanto odio de ensuciar y humillar cada rincón de mi, de someter, de sentirse poderosos, de sentirse mejores. Cuan mal deben estar por dentro, pensé, sintiendo un poco de lastima por ellos, mientras sus cigarrillos me quemaban la piel, y sus fluidos ensuciaban mi cuerpo, tratando de contaminar, de comerse y destrozar todo, hasta lo mas profundo de mi alma. Dejé que el dolor fluyera lentamente, atravesando mi cuerpo entero, me encerré en mi mismo, para proteger mi alma, para que no la rompieran.

Escucho algo, un llano pequeño y débil. ¿Por qué lloras en silencio mi querida mariposa? Sabiendo que nadie vendrá a rescatarte esta vez.

-Voy a filmarlo con mi celular-

-No vayas a grabar mi cara o te mato ¿Entendiste gordo?-

-Si, si Bruno ya te escuché. Sujétalo para que vean su cara jajaja mírenlo, ni siquiera grita ¡Que aburrido!-

No encontrarán nada, lo que ven es solo la superficie, no podrán llegar aquí, donde ni el dolor puede llegar. Mis ojos no ven y mis oídos no escuchan, mi alma no sufre.

¿Las suyas si?

Quien viera mi rostro pensaría que yo estaba muerto, que era tan solo un cascarón vacío, quien viera mis ojos se asustaría, pero no estoy muerto, solo estoy escondido. El tiempo caminaba lentamente mientras mi cuerpo era golpeado, quemado, mordido, cortado, arañado, penetrado. Devorado por la fieras.

Desperté en algún momento, cuando todo volvió a estar tranquilo, en silencio. Los chacales dormían luego de haberse encontrado satisfechos. Un calor sofocante inundaba el lugar además de un olor repugnante, vomito, toda la comida que había ingerido ese día estaba esparcida por el suelo.

-Tengo sed- Fue lo primero que dije cuando desperté.

Me arrastré hacia la luz, tambaleándome por el intenso dolor que azotaba mi cuerpo, mi piel ardiendo y mis músculos fatigados. Con un poco de esfuerzo logré alcanzar y abrir las enromes puertas oxidadas del galpón.

Tengo que irme antes de que despierten, tengo que salir. Un miedo extraño presionaba mi cabeza y mi pecho, algo que nunca antes había sentido. Todas las criaturas vivas sienten miedo ¿Pero miedo de qué? Quizás estoy por conocer la respuesta. 

Mas allá de la entrada se abría un claro, lleno de árboles y plantas. Se escuchaba el sonido del agua corriendo.

-Sed... Tengo sed-

-¿Jude? ¿De donde vienes?- Podía reconocer apenas la voz de Luca. Me esta hablando, tengo que responder, pensé. Pero la sed y el incalculable deseo de aplacarla palidecía todo lo demás.

Luca el dolor físico no es nada, es pasajero y no tiene mayor significado. El verdadero dolor es el que llevas dentro, porque ese dolor nunca se va.


Me encontraba regando las plantas de la parte mas alejada del patio, casi nadie iba a ese sitio, era un lugar perfecto para relajarme y estar solo, mientras cuidaba la olvidada vegetación que allí crecía. Casi estaba por terminar cuando sentí el crujido de las hojas, pisadas, se me acercaban por detrás. Me giré, encontrándome con Jude, supuse que me extrañaba y había venido a buscarme, sonreí por impulso y amagué a saludarlo, pero solo fue un segundo o menos. Lo que tardé en darme cuenta.

Mis ojos se contrajeron de horror, mi cuerpo entero se enfrió de golpe cuando vi el suyo completamente desnudo, sucio y herido. Al principio no pude moverme, apenas podía respirar. Jude se incoó frente a mi y pidió agua, señalando la manguera que sostenía entre mis dedos.

-Sed, tengo sed-

Acerqué la manguera a su cara y dejé que el chorro de agua cayera sobre su cabeza. Mientras él dibujaba una expresión de alivio y sus labios, antes resecos, se abrían para dejar que el agua se metiera en su boca. Era bueno que estuviera distraído con eso, así no llegaba a notar mi rostro descompuesto en ira. Aquella rabia pura y contenida pujaba con fervor haciendo que mi quijada se tensara.

-¿De donde vienes?- Pregunté con un tono de voz muy suave. Creía conocer la respuesta pero quería que me lo confirmara. Su mirada se curvó, sus ojos apuntaban al viejo galpón, lo miró por un instante sin decir nada y luego volvió a concentrarse en beber de la manguera. Bien, eso era suficiente confirmación para mi. -Toma- Le entregué la manguera para dejar mis manos libres y recoger la pala con la que había excavado anteriormente los hoyos donde iba a trasplantar un par de crías de árbol. -Espérame aquí ¿Si? Ya vuelvo, no te muevas de aquí- Jude asintió ligeramente, y con pala en mano me encaminé al viejo galpón.

Detesto a las personas. Todos son hipócritas, mentirosos, egoístas, traicioneros, manipuladores, interesados, superfluos, idiotas, una total perdida de mi tiempo.

Ellos simplemente deberían morirse... 

-¡Luca! ¿Qué haces por aquí?-

Idiotas.

-¡Llegaste tarde! ¡Te perdiste toda la diversión! jajaja-

Basura, escoria, inmundicia del mundo.

-Pero tenemos un vídeo como recuerdo-

Cerdos asquerosos, criaturas podridas, llenas de mierda.

-¡Gordo muéstrale el video!-

Reían mientras me enseñaban lo que le habían hecho a mi hermosa flor. Exhibiendo aquellas porquerías con tanto orgullo, como la habían desojado pétalo por pétalo, arrebatándole su frescura, su aroma, su belleza, su pureza, todo. Estos cerdos...

Tendrán que morir.

-¿Que pasa? ¿No dices nada?- Preguntó uno de ellos luego de que yo tomara el celular y me lo quedara viendo en silencio sin ningún tipo de reacción. Tardé un par de segundos en levantar la vista, antes de responder, les sonreí con esa sonrisa que la mascara sobre mi rostro se había aprendido.

-Perdón, me quedé pensando si sus gritos se escucharían desde el liceo, pero no creo-

-¿Eh?-

Esta bien que mueran, solo deberían morirse ¿No?. Esta bien si yo los mato, después de todo, esto es lo que se merecen ¿Verdad?. Pero la verdad es que no me importa si esta bien o no. Solo quiero que sufran. Voy a hacer que paguen y no tendré misericordia.

Cuando escuchen los cerdos chillar, no hagan nada, no se muevan, ni siquiera respiren. Porque mataré todo aquello que dañe a mi flor. 


A lo lejos un cuervo me mira, un augurio de muerte, se mantiene quieto sobre la rama, pero ya lo he visto y él me a visto a mi. "Algo malo va a pasar" susurran las alas del cuervo cuando se baten antes de volar.

Y yo no puedo hacer nada pues lo que tiene que pasar pasará.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!-

A la distancia se escuchan gritos, gritos desesperados, gritos agónicos de terror y dolor. Provienen de dentro del galpón.

Lo sabía pero, no quería volver ahí, el agua fresca se sentía tan bien, calmando el ardor en mi piel. Luca quería que lo esperara, tenía que esperarlo aquí. No puedo hacer nada, no puedo detener los gritos, no puedo cambiar el corazón del gato negro.

No puedo cambiar tu corazón.

Existe en la esencia del hombre un veneno toxico, hecho de sentimientos oscuros y retorcidos, se expande desde su interior, lo contamina todo y es muy difícil de limpiar.

Cuando Luca regresó estaba cubierto de rojo brillante, su pala y todo su cuerpo.

-Estas sucio, necesitas un baño- Me dijo muy tranquilo. Quien viera su rostro pensaría que estaba muerto, que era tan solo un cascarón vacío, quien viera sus ojos se asustaría.

La semilla que planté dentro de ti se alimentó de tu veneno para nacer, y floreció en algo mucho peor. Supongo que a esto era a lo que tanto temía.

-Tu también- Le contesté.

-Si, supongo que si- Me sonrió, pero esta vez no pude devolverle el gesto.

El color rojo brillaba y goteaba por sus extremidades, cayendo sobre la tierra. El cuervo se marchó, volando lejos de nosotros, abandonándonos, dejándonos tan solos.

Perdónanos mariposa, solo somos humanos, contaminados por nuestra propia malicia, somos criaturas débiles e indefensas, tenemos miedo, tenemos mucho miedo.

Perdónalos mariposa, por el dolor que te han causado, que te causan y te causarán.

Perdónalos... Y perdóname por perder las esperanzas.

… 


-Vamos, trágatelo-

-No, por favor, no-

-Tragalo-

-Luca por favor no-

-Jaja-

Este petróleo negro se esta expendiendo, contaminando cada rincón del alma humana, convirtiéndome en algo peor que un monstruo. 

Podía apreciar el sonido de la sangre goteando, chocando contra el piso, el aroma abrumador de la carne y las tripas desgarradas decorando aquel viejo galpón de oscuro rojo. Y yo no sentía mas que una enorme satisfacción y una implacable ira. Reventé sus cráneos con mi pala, ni siquiera tuvieron tiempo de escapar, yo bloqueaba la única salida, ni defenderse pudieron pues el horror que les provocaban mis actos los había paralizado.

Me encanta el color del miedo, me encanta verlo en los rostros de estos cerdos.

Eso, lloren, griten, rugen por piedad, sientan el verdadero temor. 

Se siente tan bien.

Tres cuerpos ahora se encontraban desparramados por el suelo en pequeños trozos cercenados, todavía no se como pude lograr eso tan solo con mi pala. Al ultimo lo había dejado con vida para que observara lo que les hacía a los otros tres, le había golpeado las piernas hasta convertir sus huesos en astillas.

-Ahora quiero que te tragues esto-Le pedí con un tono de voz sumamente cortes y gentil, enseñándole el celular que me había dado hace unos momentos, aun reproduciendo el vídeo donde violaban a Jude. El cerdo lloraba, moqueaba y temblaba de miedo, hasta se había orinado encima.

Que patético pedazo de porquería. Pensé asqueado, y un poco decepcionado, de aquel bochornoso espectáculo que el cerdito me brindaba. Pronto me di cuenta, no se lo iba a tragar voluntariamente así que tuve que ayudarlo un poco metiéndole el celular a la fuerza. Murió sofocado por su propia sangre con la garganta destrozada.

Cuando todo quedó en silencio, por fin me tranquilicé y mi adrenalina descendió de golpe dándome un desagradable sabor a insatisfacción en la boca.

-Que aburrido- Suspiré observando los restos.-Tengo que volver con Jude- Ya no aguantaba mas el calor y el olor de mierda que había ahí adentro.

La sangre se desliaba por mi piel, goteaba de mis dedos chocando contra el piso, provocando un hipnotizante sonido. En el fondo de mi siento que algo me falta, como si no fuera suficiente, como si quisiera mas. ¿Me pregunto que pensará Jude de mi? ¿Podrías odiarme por lo que soy? Después de todo no estoy arrepentido. Yo quería destrozar las alas de esa mariposa, y cuando dije que lo sentía solo estaba mintiendo, porque quería ser tu amigo.

¿Me odiarías por eso Jude? Esta bien si lo haces, mientras me permitas estar a tu lado, esta bien.

No recuerdo mucho de lo que pasó después. Desperté abriendo mis ojos de golpe, a mi lado Jude dormía profundamente, acurrucado sobre mi hombro, limpio y vendado. Sonreí enternecido por su rostro y su pacifica respiración, di un beso sobre su frente y me encargué de arroparlo bien, abrazándolo mas contra mi cuerpo desnudo. Su tibieza inundaba mi piel, relajaba mi pecho. Me quedé despierto peinando su cabello con la punta de mis dedos, y sin querer lo terminé despertando también. 

-Lo siento ¿Te desperté?-

Comenzó a abrir los ojos lentamente hasta poder distinguir mi rostro por completo.

-Luca- Pronunció mi nombre dulcemente, acariciándome cerca del ojo izquierdo. Aquello me provocó un cosquilleo en el estomago y la base de la garganta. Sonreí por inercia pero esta vez él no me devolvió la sonrisa. -No quiero jugar, no quiero jugar de nuevo- Sus extremidades comenzaron a temblar, y estaba en camino a hiperventilarse.

-Tranquilo, tranquilo, solo fue una pesadilla. Ya está, ya pasó, no tengas miedo. Yo estoy aquí, yo te cuido Jude- Lo sostuve entre mis brazos, escondiendo su rostro en mi pecho. Me mecía y acariciaba su espalda para confortarlo. Quería entrar en sus recuerdos y despedazar aquel momento, al igual que lo hice con esos cerdos, solo para que pudiera olvidarlo para siempre. -Shhh, solo fue una pesadilla. Todo esta bien ahora-

Amaba sus ojos húmedos y sus temblorosos labios, sus manos aferradas a mis brazos como si me pidiera que no lo suelte jamás. Pero necesito que sea feliz, necesito que sonría para mi, lo necesito mas de lo que necesito escuchar la sangre gotear. -Jude, te amo- Apoyé mis labios suavemente sobre los suyos y los dejé allí por un rato, hasta memorizarme el sabor de su boca.

-¿Tu me amas Jude?-

-Yo amo... a Luca-

Se siente tan bien, el amor, el odio, dar tranquilidad, dar miedo, proteger, matar.

¿Cuál es el verdadero yo? ¿Por qué siento que nunca vas a perdonarme? ¿Acaso aun puedes ser mío después de lo que me has presenciado hacer? ¿Creerías en mis palabras si te dijera cuanto lo lamento? ¿Aun sabiendo que son mentiras? 

¿Te quedarías en mi jaula para siempre?
Mi pequeña y dulce mariposa...